• Imagen 1 Nuestro Carisma
    Los Capuchinos somos la rama más joven de los franciscanos, remontándonos a 1525…

Actualidad del espíritu de San Francisco

Debido a que el actual Papa ha elegido el nombre de Francisco, mucha gente ha vuelto a interesarse por esta figura singular, tal vez una de las más luminosas que el cristianismo y el propio Occidente ha producido: Francisco de Asís. Algunos lo llaman el “último cristiano” o “el primero después del Único”, es decir, de Jesucristo.
Seguramente podemos decir que cuando el cardenal Bergoglio eligió este nombre quería indicar un proyecto de Iglesia en la línea del espíritu de san Francisco. Este era lo opuesto al proyecto de la Iglesia de su tiempo, que se expresaba por el poder temporal sobre casi toda Europa hasta Rusia, por inmensas catedrales, suntuosos palacios y grandiosas abadías. San Francisco optó por vivir el evangelio puro, literalmente, en la pobreza más extrema, con una sencillez casi ingenua, con una humildad que lo situaba junto a la Tierra, al mismo nivel de los más despreciados de la sociedad, viviendo entre los leprosos y comiendo con ellos en la misma escudilla. Nunca criticó al Papa o a Roma. Simplemente no siguió su ejemplo. Para aquel tipo de Iglesia y de sociedad confiesa explícitamente: “Yo quiero ser un ‘novellus pazzus ‘, un nuevo loco”: loco por Cristo pobre y por “la señora dama pobreza” como expresión de total libertad: nada ser, nada tener, nada poder, nada pretender. Se le atribuye esta frase: “deseo poco, y lo poco que deseo lo deseo poco”. En realidad no era nada. Se despojó de cualquier título. Se consideraba “estúpido, mezquino, miserable y vil”.
Este camino espiritual fue vivido a duras penas, ya que cuantos más seguidores acudían, más se oponían a él, reclamando conventos, normas y estudios. Resistió como le fue posible, y al final tuvo que rendirse a la mediocridad y la lógica de las instituciones que presuponen reglas, orden y poder. Pero no renunció a su sueño. Frustrado, volvió a servir a los leprosos, dejando que su movimiento, contra su voluntad,  fuese transformado en la Orden de los Frailes Menores.
La humildad ilimitada y la pobreza radical le permitieron una experiencia que viene al encuentro de nuestras preguntas: ¿es posible recuperar la atención y el respeto por la naturaleza? ¿Es posible una hermandad universal que incluya a todos, como él lo hizo: el sultán de Egipto que encontró en la cruzada, la banda de asaltantes, el feroz lobo de Gubbio y hasta la muerte?
Francisco mostró que esta posibilidad es realizable a través de una práctica vivida con sencillez y pasión. Al no poseer nada, mantuvo una interacción directa de convivencia y no de posesión, con cada ser de la creación. Al ser radicalmente humilde se situaba en la misma tierra (humus = humildad) y al pie de cada criatura, que consideraba su hermana. Se sintió hermano del agua, del fuego, de la alondra, de la nube, del sol y de cada persona que encontraba. Inauguró una fraternidad sin fronteras: hacia abajo con los últimos, hacia los lados con sus semejantes, independientemente de si eran papas o siervos, hacia arriba, con el sol, la luna y las estrellas. Todos son hermanos y hermanas, hijos del mismo Padre de bondad.
La pobreza y la humildad así practicadas no tienen nada de santurronería. Suponen algo previo: el respeto sin restricciones a cada ser. Lleno de devoción, quita a la lombriz del camino para que no sea pisoteada, sujeta una rama rota para que se recupere, en invierno alimenta las abejas que revoloteaban perdidas. Se colocó en medio de las criaturas con profunda humildad, sintiéndose su hermano. Confraternizó con la “hermana y Madre Tierra”. No negó el humus original y las raíces oscuras de donde venimos todos. Al renunciar a cualquier posesión de bienes, rechazando todo lo que podría ponerle por encima de otras personas y de las cosas, y poseerlas, se convirtió en hermano universal. Iba al encuentro de los otros con las manos vacías y el corazón puro, ofreciéndoles sólo cortesía, amistad, amor desinteresado, lleno de confianza y ternura.
La fraternidad universal surge cuando nos ponemos con gran humildad en el seno de la creación, respetando a cada ser y todas las formas de vida. Esta hermandad cósmica, fundada en el respeto ilimitado, es el requisito previo necesario para la fraternidad humana. Sin este respeto y esta fraternidad, difícilmente la Declaración de los Derechos Humanos será eficaz. Habrá siempre violaciones por razones étnicas, de género, de religión y otras.
Esta postura de fraternidad cósmica, asumida seriamente, puede animar nuestra preocupación ecológica de salvaguardia de cada especie, de cada animal y de cada planta, pues son nuestros hermanos y hermanas. Sin fraternidad real nunca llegaremos a formar la familia humana que habita la “hermana y Madre Tierra” con respeto y cuidado. Esta fraternidad demanda una inquebrantable paciencia, pero también contiene una gran promesa: es alcanzable. No estamos condenados a liberar a la bestia que habita en nosotros y que tomó forma en Videla, Pinochet, Fleury y otros cobardes torturadores.
Ojala el Papa Francisco de Roma en su práctica de pastor local y universal haga honor al nombre de Francisco y muestre la actualidad de los valores vividos por el fratello de Asís.
Leonardo Boff
http://leonardoboff.wordpress.com

Ven Espíritu Creador


Ven Espíritu creador;
visita las almas de tus fieles.
Llena de la divina gracia los corazones
que Tú mismo has creado.

Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús



María, Tú que diste a luz a la LUZ,

Se nuestra consejera, medianera  y guía.

Te invito un capuchino: Fr. Helmut Rakowski



"De dormilón a Capuchino"

Fray Helmut Rakowski, nació en 1962, en Mainz, Alemania. Desde 1981 pertenece a la Orden de los Capuchinos. Estudió Filosofía, Teología y Misionología. Durante 8 años estuvo como misionero en México. Desde el 2003 es secretario general de la Animación misionera y la Promoción de la Solidaridad de los Frailes Menores Capuchinos.

La otra economía que lleva el nombre de Francisco


Francisco es un nombre que dice mucho, incluso a la economía y a las finanzas. Si sabemos y queremos escuchar, veremos que nos lanza mensajes esenciales para sanar, verdadera y profundamente, nuestras crisis. Francisco de Asís, amante de la “señora pobreza”, está en el origen de importantes cambios económicos, teóricos y prácticos. El movimiento franciscano dio vida a la primera escuela importante de pensamiento económico y está también en el origen de la banca y las finanzas (los famosos Montes de Piedad, precursores de las finanzas populares y solidarias en Italia).

Pero pocas veces se recuerda que estas instituciones bancarias populares surgieron después de dos siglos de una profunda y sistemática reflexión cultural y filosófica sobre la economía, la moneda y el mercado.

Olivi, Scoto, Occam y decenas de maestros franciscanos fueron también doctores en economía, porque entendieron, por instinto carismático, que debían estudiar las “cosas nuevas” de su tiempo y reflexionar profundamente sobre los grandes cambios de su época, cuando estaba comenzando una gran revolución comercial y ciudadana que desembocó después en el Humanismo civil. Estudiaron economía por amor a su gente, sobre todo a los pobres.

El primer mensaje que nos viene de Francisco y de su movimiento carismático es el significado moral y cívico del estudio y la ciencia. Esta crisis nos está diciendo cada día con más fuerza que la economía y las finanzas unidimensionales (con la única dimensión del beneficio a corto plazo) producen desastres e in-humanismo (Chipre es la enésima señal). Pero mientras la crisis sigue cosechando víctimas, en todas las universidades se siguen enseñando y aprendiendo la economía y las finanzas regidas por los mismos principios que han causado esta crisis. Los mismos libros de texto, los mismos dogmas y la misma altanería imperialista de nosotros, los economistas. Nuestros mejores estudiantes se siguen formando en cursos de doctorado con los mismos programas del año 2007.

Francisco invita a los verdaderos amantes del bien común y de la “señora pobreza” (la primera medida del bien común siempre son las condiciones en que viven los pobres), a invertir mucho más en el estudio de las res novae de nuestro tiempo, que son los temas del trabajo, la gestión de las empresas, la economía y las finanzas, que hoy se resienten también por esta “falta de pensamiento”. Según el ejemplo de los antiguos Montes de Piedad, el mundo se cambia dando vida no sólo a libros y conferencias, sino a nuevas instituciones.

Los carismas, entre otras cosas, produjeron universidades, que se situaron en la frontera de la innovación cultural de su tiempo, porque la capacidad de ver antes y más lejos es típica de los carismas. Hoy nuestra cultura y nuestra ciencia sufren por la falta de carismas, que deben volver a desempeñar su tarea, que es también tarea civil, científica y cultural. Hay una enorme y vital necesidad de dar vida a nuevos institutos de investigación y a nuevas universidades en las que se puedan estudiar de otra forma contenidos distintos a los que se siguen enseñando en los templos del saber, muchos de los cuales están financiados por estas (malas) finanzas. Hacen falta nuevos studia y nuevas scholae donde se elabore, a un alto nivel, un pensamiento económico y social distinto, así como escuelas populares que difundan y alimenten con la vida ese nuevo pensamiento a todos los niveles. ¿Dónde están estas instituciones? Si no las creamos, seguiremos quejándonos de la crisis y el paro, pero no estaremos a la altura de Francisco y los franciscanos que trabajaron para orientar a la sociedad de su tiempo, con nuevas ideas y nuevas ciencias.

Otro mensaje de Francisco es, como no podría ser de otro modo, la pobreza. Este mensaje está muy unido al primero, pues no es casual que la ciencia sea un fruto del Espíritu, del mismo Espíritu que es “padre de los pobres”.

Hay palabras que siempre son negativas: mentira, esclavitud, racismo... Pero la pobreza no es una de ellas, porque después de Francisco (y por ende después del cristianismo) cuando se habla de pobreza siempre deberíamos especificar de qué pobreza estamos hablando. Esta gran palabra abarca un amplio campo semántico, que va desde el drama de quienes sufren la pobreza hasta la bienaventuranza de quienes la eligen libremente, muchas veces para rescatar a otros de la pobreza no elegida, sufrida. Nuestra cultura no tiene instrumentos adecuados para hacer frente a las antiguas y nuevas pobrezas no elegidas, porque ha perdido el contacto con la semántica de las pobrezas elegidas, que se llaman un estilo de vida sobrio, solidario, y sobre todo una comunión festiva y fraterna. Francisco nos recuerda que sólo quien ama la pobreza buena sabe primero ver y después combatir la pobreza mala.

Mientras los programas gubernamentales, públicos y privados de lucha contra la pobreza estén pensados e implementados por políticos y funcionarios que alternan los congresos sobre la pobreza con vacaciones propias del rico Epulón, la pobreza seguirá siendo objeto de estudios (muchas veces inútiles), informes y congresos, pero no será vista, ni comprendida, ni sanada. Para curar la pobreza hacen falta los carismas, hacen falta pobres que cuiden de los pobres. El capitalismo filantrópico está aumentando las instituciones que se ocupan de la pobreza, pero sin crear un verdadero encuentro entre quien ayuda y quien recibe la ayuda.

Francisco curó, al menos en el alma, a los leprosos de Asís (en Rivotorto), abrazándolos y besándolos. El abrazo es la primera cura. Francisco nos lo recuerda hoy, advirtiéndonos de que no caigamos en las trampas de nuestra cultura dominada por la inmunidad, una cultura del no-abrazo que se está gestando también dentro de nuestras instituciones nacidas para “curar” la pobreza, donde cada vez hay más profesionales de la asistencia (y eso es bueno), pero tal vez menos abrazos. El índice de fraternidad —otra espléndida palabra franciscana— se mide por el grado de inclusión comunitaria de los pobres, que puede ser inverso a la creación de entes especializados para atenderles. A veces se subcontrata con estos entes el “cuidado de los pobres” con el fin de mantenerlos bien lejos de nuestras ciudades, inmunes e inmunizadoras.

Volvamos, pues, a escuchar a Francisco y sus mensajes antiguos, sus mensajes de futuro.

Luigino Bruni
miradaglobal.com

powered by Blogger | WordPress by Newwpthemes | Converted by BloggerTheme