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    Los Capuchinos somos la rama más joven de los franciscanos, remontándonos a 1525…

La espiritualidad de San Francisco, un camino para vivir en armonía


Hoy se habla poco de armonía. La palabra casi ni suena. La emplean los libros de autoayuda o viene en espiritualidades del gusto oriental. Raramente decimos: este matrimonio vive en armonía; esta ciudad disfruta de mucha armonía; esta persona crea armonía en torno a sí; en esta comunidad se respira armonía. Es raro.

Todos sabemos que, aunque no se hable de ella, la armonía es muy importante para la vida. Pero si ni se habla de ella, si se la da por supuesta, si nos parece un poco friki, como dicen los jóvenes, hasta hablar de ella, quizá estemos echando leña al fuego contrario: la crispación, la histeria, los malos modos, los desajustes personales, los malos entendimientos, los desentendimientos. De eso, sí que sabemos mucho.
 Pues bien, una manera de entender el franciscanismo es entender la espiritualidad de san Francisco como un camino para vivir en armonía.

1. ¿Cómo vivió Francisco de Asís su vida en armonía con Dios, con sus hermanos, con las personas, con los animales, con la creación? ¿Qué caminos anduvo? Le hizo un sitio importante a Dios y a su Palabra en su vida. Por eso, cuando en la somnolienta y rutinaria predicación del cura de san Damián brilló para él la Palabra de Jesús (“Vete, vende, dalo a los pobres…”), todo se iluminó y dejó atrás la “tremenda lucha”, como dice Celano, que se libraba en su corazón. Cuando se abrió a Dios, vino la armonía.

2. Aparentemente fue muy sencillo: se hizo la armonía en su corazón cuando se decidió a tener a cualquier persona por hermana. Así de simple. Dice san Buenaventura que brotaba en su corazón una armonía gozosa cuando “consideraba el origen común de todos los seres pues sabía que todos tienen el mismo principio”. No era una teoría sino algo inmediato: eres una criatura, somos familia. Nunca serás mi enemigo. Contigo me siento en tu casa. Podemos vivir en armonía.

3. Brota la armonía a raudales en la vida de Francisco cuando la simplicidad se convierte en sabiduría profunda. Dice LP que “quería ver a sus hermanos apasionados por la pura y santa simplicidad”. Él descubrió que el secreto de la armonía es ser bueno de corazón y llevar una vida simple, sencilla, corriente.

4. La armonía brillaba con lustre cuando tomaba el último lugar como una opción voluntaria. “Nadie nos ha obligado”, decía. Y por eso decía con frecuencia: “Ningún hermano tenga potestad o dominio, y menos entre ellos”. Instaba a los suyos a “estar en el llano” (LP). Porque si hubiera sido otra la actitud, la armonía habría desaparecido como la niebla bajo los rayos del sol.

5. Para él fue importante el misterio de la pobreza, la conexión con las pobrezas, llegar al brillo oscuro de lo humilde. Por eso, la pobreza evangélica fue para él camino de libertad y armonía. Siendo pobre fue feliz; estando con los pobres se sintió acompañado, sufriendo como los pobres encontró el secreto de la solidaridad. Lo que para muchos de nosotros es solo un disgusto, él lo entendió como una posibilidad. El frío helado de la pobreza generó en él el extraño calor de la armonía.

6. No fue todo lírica, sino vida sin más, a ras de tierra. La armonía ocupó su alma y su cuerpo cuando vivió queriendo salvaguardar, sobre todo, las relaciones humanas. ¡Cuánto se empeñó en que sus hermanos vivieran con calidez, como madres e hijos”! ¡Cuánto se movió para que en las ciudades de su tierra, muchas devastadas por el odio y la muerte, pudiera brotar el entendimiento y la paz! Él que sabía de guerras y de muertes, puso a la persona por delante de todo y desde ahí brotó la paz y la armonía.

7. Para él orar fue una manera segura de dar con el camino de Jesús. Por eso oraba tanto. Le decían ya entonces que oraba demasiado. Pero, para él, orar era como comer. Y lo necesitaba de igual manera. Por eso, cuando oraba, y sus períodos de oración eran largos, se abría la puerta de la armonía, las cosas se aquietaban, los problemas adquirían dimensiones reales, la alegría asomaba el rostro y se quedaba. Sin oración no hubiera podido vivir en armonía.

8. Finalmente, cómo no, la alegría fue fuente de armonía porque era el cauce por el que asomaba la verdad del Evangelio y la certeza de haber elegido el buen camino. No empleó discursos para justificar sus opciones. Estaba contento y la alegría era su argumento. Y viviendo con alegría, la armonía se quedaba a vivir en su casa, se instalaba en los pliegues de su alma.

 ¿Nos dice esto algo a quienes, a pesar de tanto años, de tantos siglos, seguimos amando a Francisco de Asís? Puede que sí.
• Deja un poco más sitio a Dios en tu vida, nos dice Francisco. Que los criterios evangélicos cuenten realmente en tus días. Cree en el Evangelio, obra conforme a lo que dice. Sin más. La armonía asomará el rostro.
• No hagas caso de los cantos de sirena de quienes nos dicen: tú preocúpate de que a ti te vaya bien y los demás, allá penas. No, siéntete hermano para que la alegría de vida y su íntima armonía cobren verdad y rostro.
• Elige lo simple, lo normal, lo cotidiano. No te avergüences de ser como todos, de ser pueblo, de ser comunidad. En lo común vivido con gozo habita la armonía.
• No te enfades por estar abajo, por no tener mando. Ahí se puede ser feliz, te puedes realizar, puedes estar contento. Estar abajo no es malo para quien aspira a la armonía.
• Que te afecten las pobrezas, que sean para ti lugar de encuentro. No huyas de ellas, porque ahí se encierra, sin duda, el extraño fulgor de la armonía.
• Ora con confianza, como quiere Jesús. Gusta del silencio. Ama la contemplación de lo creado. Disfruta con el don que es vivir y respirar.
• Y pon en tu vida una dosis creciente de alegría. Alegría vivida en las pequeñas cosas, en los sencillos acontecimientos, en lo bello que está en nuestras manos. Si no nos apuntamos a la alegría, ¿cómo vamos a estar en armonía con nuestra sencilla vida?

Decir que la espiritualidad franciscana es un camino de armonía implica el ánimo para andar ese camino. ¿Por qué no tomar aliento y empuje al celebrar la memoria y la vida del hermano Francisco en esta tarde?

http://hermanoscapuchinos.org/

Si Francisco de Asís viviera hoy en América Latina


Si Francisco de Asís viviera hoy en América Latina, viviría franciscanamente, claro, y latinoamericanamente también; pero de modo diversificado, según viviese en Brasil o en México, Colombia, El Salvador o en Bolivia.

Porque América Latina, aun siendo una realidad común -«un continente creyente y oprimido», como dicen nuestros teólogos- no deja de ser plural.

De todos modos, viviría como un indio o como un favelado o como un oprimido cualquiera de nuestro pueblo. Sería pobre, pero de verdad. No haría apenas «opción preferencial por los pobres». Porque quien opta por los pobres, es que no es pobre.

Y quien opta preferencialmente por los pobres… qué sé yo, es un decir, se queda también, aunque sea menos preferencialmente, con los ricos (nuestra santa Madre Iglesia ha sabido hacer esto muy bien durante siglos, dicho sea con perdón de todos los que somos Iglesia). Sería un agente de pastoral, para poder anunciar más eclesialmente la Palabra. Porque Francisco era muy eclesial. Hoy posiblemente sería menos «eclesiástico”.

Se llevaría muy bien, sin duda, con las comunidades cristianas populares. Y sentiría que son ellas las que están restaurando nuestra vieja Iglesia, más o menos en ruinas…

Estaría apasionadamente a favor de la justicia y de la paz. Creo que viviría más politizado -cada época tiene su carisma-, porque no es posible que Francisco de Asís no asumiese Medellín y el grito de los pobres de la tierra latinoamericana y ese vendaval de Espíritu y de sangre que sacude nuestro continente.

Creo que se angustiaría hasta la muerte -posiblemente sería mártir hoy Francisco de Asís, si viviera en América Latina- viendo tanta violencia, crónicamente institucionalizada, que destroza las almas y los cuerpos de poblaciones y naciones enteras.

Sería, ¿cómo no?, un exiliado o un torturado o un desaparecido.

Sería evangélicamente antinorteamericano -con perdón de todos los norteamericanos pueblo, sobre todo de los norteamericanos que son franciscanos por añadidura-; porque me temo que el Sultán de Estados Unidos no lo escucharía con el mismo respeto con que el Sultán sarraceno lo escuchó.


Posiblemente iría hasta Roma, de grumete en un navío, para recordarle al Papa la intolerable atrocidad de las masacres de El Salvador y Guatemala, mucho más intolerables que los conflictos de Beagle o las Malvinas y más que la dura situación de la Polonia papal. De paso, intentaría convencer al Papa de que la revolución sandinista es mucho más cristiana que todos los gobiernos democristianos o las católicas repúblicas del continente que no tienen ningún conflicto diplomático con la Santa Sede Vaticana.

Conminaría a las multinacionales y sus productos químicos y radioactivos y a todos los procesos suicidas que destrozan florestas y contaminan las vidas y los ríos y el aire y la luz de las estrellas.

Asís era una ciudad luminosamente humana: alma, piedra y paisaje. Y Francisco la bendijo, antes de morir, como se bendice el vientre de una madre. ¡Pobre Francisco queriendo bendecir, impotente, las monstruosas aglomeraciones de Sâo Paulo o México, o Buenos Aires..,!

Tampoco consigo entender cómo se las habría Francisco para amansar a los humanos (?) lobos de la represión, sueltos a millares por nuestro continente. ¡Qué dulce el lobo de Gubbio junto a esos lobos!

Francisco sería, aquí también, un trovador popular, de guitarra en bandolera, cantando indígenamente el dolor y la esperanza de toda esta Patria Grande, nuestra Indio-Afro-América. La cultura y la religión populares serían su cultura y su religión, pero con mucho aliento de revolución y de teología de la liberación en el fondo del alma y en la exultante boca.

Francisco amaría fraternalmente a muchas Claras latinoamericanas -religiosas y seglares- que viven consagradas al servicio del Reino con una despojada dedicación.

Sé que sentiría delante de ciertas cruzadas contra el comunismo, la misma cristiana decepción que sintió ante las cruzadas contra Mahoma. Porque ni las unas ni las otras combaten limpiamente por el Reino, con la cruz, para la liberación de los pobres. Siendo así que los pobres valen infinitamente más que el santo sepulcro y que los lucros del capital.


¿Fundaría Francisco una familia religiosa, hoy, en América Latina, después de lo que él sabe ahora de las Ordenes y Congregaciones? En todo caso, a su familia religiosa y a las otras familias religiosas y a todos los cristianos nos recordaría que el Evangelio ha de ser entendido «sin glosas» (pero esto nos lo recordaría inútilmente…).

Sería aún más contemplador, si es posible ser más contemplador de lo que fue aquel seráfico contemplativo. Porque la contemplación es tanto más urgente y vital cuanto mayor es la lucha por la justicia. Porque la verdadera revolución cristiana solamente se hace a fuerza de mucha oración. Porque América, con todo el Tercer Mundo, es un continente esencialmente contemplativo.

Para terminar, creo que Francisco estaría muy de acuerdo -aun ruborizándose un poco, si es que hay rubor en la Gloria- con el maravilloso libro que nuestro perseguido teólogo franciscano, Leonardo Boff, acaba de publicar sobre «El vigor y la ternura» en San Francisco.

Concilium decía, en un número reciente, que cada uno tiene «su» Francisco, en la mente y en el corazón. Este Francisco de Asís que yo acabo de suponer hoy en América Latina es «mi» Francisco de Asís, evidentemente. Todos los otros posibles Franciscos me merecen el mayor respeto.


Alabado sea mi Señor porque un día nos dio esta criatura humana criatura llamada Francisco y porque todavía hoy nos da esta inquieta voluntad de ser también nosotros latinoamericanamente franciscanos.

Pedro Casaldáliga

¿En qué pensaba Francisco?


Fue una tarde como hoy, hace 788 años. Giovanni di Pietro Bernardone, rodeado de sus mas queridos hermanos pedía ser puesto en tierra. En aquella pequeña capilla, restaurada por sus propias manos, el Santo, siempre sobre la tierra desnuda, entregaba su alma al Buen Dios.

Hace algunos años, me pregunté lo mismo que fray Maseo ¿por qué Francisco? ¿por qué todos van detrás de ti? (Florecillas 10) La respuesta era simple: porque Francisco encarna nuestras más altas aspiraciones, aquello que quisiéramos ser y no nos atrevemos (si, no se trata de no poder sino de no atreverse). Encarna la fraternidad, la humildad, el respeto a la creación y el amor al Creador.

Pero hoy quisiera preguntarme ¿en qué pensaba Francisco? Qué pensaba cuando, un buen día, decidió dejar todo por lo que muchos hombres matarían: dinero, poder, fama.

San Francisco de Asís ¿Francisco, en qué piensas? le pregunté y él me respondió: pienso en que el hombre sólo es lo que es delante de Dios, nada más. Pienso que si nos detenemos a mirar las maravillas de la naturaleza que nos rodea sólo podemos exclamar cuan grande es Dios. Pienso que todos, no importa lo que creamos o lo que hagamos, somos hermanos. Que toda vida merece ser vivida, aun en las mayores dificultades.

Pienso que Dios nos creó con la capacidad para hacer casi cualquier cosa. No hay nada mas fuerte que el alma humana.

Pienso que se puede ser feliz sin tener nada. Las cosas materiales y el deseo de ellas nos quitan la libertad, nos obligan a “custodiarlas” y “perseguirlas”. Yo he sido feliz dejándolo todo, sin nada.

Pienso que la oración es necesaria, pero que Dios nos quiere en el mundo, trabajando. Que la paz debe estar primero en nuestro corazón para que luego podamos predicarla y proclamarla.

Pensé que la mejor manera de predicar el Evangelio era con las obras y me fui entre los pobres, los “menores” de mi tiempo. Comencé haciendo lo que era necesario, después lo que era posible y, de repente, me vi haciendo cosas imposibles.

Pensé que la celda de mi claustro, era mi cuerpo y mi alma, el ermitaño que habitaba en ella, por eso me fui por el mundo, buscando a mis hermanos y haciendo presente a Cristo entre ellos.

Pensé que el verdadero poder estaba en el Servicio, porque Cristo nos dijo que El vino a servir, no a ser servido, y me fui a limpiar las heridas de los leprosos y a vivir entre los pobres.

Pienso que el Reino de los Cielos comienza en esta tierra y que hay que trabajar para hacerlo presente.

Pienso que debemos ser instrumentos de paz, que no debemos sembrar envidias, rencores, maledicencias.

Pensé muchas cosas, pero sólo me limité a seguir el Evangelio. Allí estaba todo lo que necesitaba saber. Sólo hice lo que allí decía.

Francisco nos ha marcado el camino. Nos ha mostrado que es posible vivir el Evangelio. Que no son palabras bonitas. Que la santidad esta a la mano de todos, solo hay que intentarlo y pedir la fuerza del Espíritu Santo.

Francisco, hoy como ayer, sigue atrayendo miradas. Sigue despertando admiración. Pidamos, por su intercesión, dejar de admirarlo y comenzar a imitarlo.


La otra economía que lleva el nombre de Francisco


Francisco es un nombre que dice mucho, incluso a la economía y a las finanzas. Si sabemos y queremos escuchar, veremos que nos lanza mensajes esenciales para sanar, verdadera y profundamente, nuestras crisis. Francisco de Asís, amante de la “señora pobreza”, está en el origen de importantes cambios económicos, teóricos y prácticos. El movimiento franciscano dio vida a la primera escuela importante de pensamiento económico y está también en el origen de la banca y las finanzas (los famosos Montes de Piedad, precursores de las finanzas populares y solidarias en Italia).

Pero pocas veces se recuerda que estas instituciones bancarias populares surgieron después de dos siglos de una profunda y sistemática reflexión cultural y filosófica sobre la economía, la moneda y el mercado.

Olivi, Scoto, Occam y decenas de maestros franciscanos fueron también doctores en economía, porque entendieron, por instinto carismático, que debían estudiar las “cosas nuevas” de su tiempo y reflexionar profundamente sobre los grandes cambios de su época, cuando estaba comenzando una gran revolución comercial y ciudadana que desembocó después en el Humanismo civil. Estudiaron economía por amor a su gente, sobre todo a los pobres.

El primer mensaje que nos viene de Francisco y de su movimiento carismático es el significado moral y cívico del estudio y la ciencia. Esta crisis nos está diciendo cada día con más fuerza que la economía y las finanzas unidimensionales (con la única dimensión del beneficio a corto plazo) producen desastres e in-humanismo (Chipre es la enésima señal). Pero mientras la crisis sigue cosechando víctimas, en todas las universidades se siguen enseñando y aprendiendo la economía y las finanzas regidas por los mismos principios que han causado esta crisis. Los mismos libros de texto, los mismos dogmas y la misma altanería imperialista de nosotros, los economistas. Nuestros mejores estudiantes se siguen formando en cursos de doctorado con los mismos programas del año 2007.

Francisco invita a los verdaderos amantes del bien común y de la “señora pobreza” (la primera medida del bien común siempre son las condiciones en que viven los pobres), a invertir mucho más en el estudio de las res novae de nuestro tiempo, que son los temas del trabajo, la gestión de las empresas, la economía y las finanzas, que hoy se resienten también por esta “falta de pensamiento”. Según el ejemplo de los antiguos Montes de Piedad, el mundo se cambia dando vida no sólo a libros y conferencias, sino a nuevas instituciones.

Los carismas, entre otras cosas, produjeron universidades, que se situaron en la frontera de la innovación cultural de su tiempo, porque la capacidad de ver antes y más lejos es típica de los carismas. Hoy nuestra cultura y nuestra ciencia sufren por la falta de carismas, que deben volver a desempeñar su tarea, que es también tarea civil, científica y cultural. Hay una enorme y vital necesidad de dar vida a nuevos institutos de investigación y a nuevas universidades en las que se puedan estudiar de otra forma contenidos distintos a los que se siguen enseñando en los templos del saber, muchos de los cuales están financiados por estas (malas) finanzas. Hacen falta nuevos studia y nuevas scholae donde se elabore, a un alto nivel, un pensamiento económico y social distinto, así como escuelas populares que difundan y alimenten con la vida ese nuevo pensamiento a todos los niveles. ¿Dónde están estas instituciones? Si no las creamos, seguiremos quejándonos de la crisis y el paro, pero no estaremos a la altura de Francisco y los franciscanos que trabajaron para orientar a la sociedad de su tiempo, con nuevas ideas y nuevas ciencias.

Otro mensaje de Francisco es, como no podría ser de otro modo, la pobreza. Este mensaje está muy unido al primero, pues no es casual que la ciencia sea un fruto del Espíritu, del mismo Espíritu que es “padre de los pobres”.

Hay palabras que siempre son negativas: mentira, esclavitud, racismo... Pero la pobreza no es una de ellas, porque después de Francisco (y por ende después del cristianismo) cuando se habla de pobreza siempre deberíamos especificar de qué pobreza estamos hablando. Esta gran palabra abarca un amplio campo semántico, que va desde el drama de quienes sufren la pobreza hasta la bienaventuranza de quienes la eligen libremente, muchas veces para rescatar a otros de la pobreza no elegida, sufrida. Nuestra cultura no tiene instrumentos adecuados para hacer frente a las antiguas y nuevas pobrezas no elegidas, porque ha perdido el contacto con la semántica de las pobrezas elegidas, que se llaman un estilo de vida sobrio, solidario, y sobre todo una comunión festiva y fraterna. Francisco nos recuerda que sólo quien ama la pobreza buena sabe primero ver y después combatir la pobreza mala.

Mientras los programas gubernamentales, públicos y privados de lucha contra la pobreza estén pensados e implementados por políticos y funcionarios que alternan los congresos sobre la pobreza con vacaciones propias del rico Epulón, la pobreza seguirá siendo objeto de estudios (muchas veces inútiles), informes y congresos, pero no será vista, ni comprendida, ni sanada. Para curar la pobreza hacen falta los carismas, hacen falta pobres que cuiden de los pobres. El capitalismo filantrópico está aumentando las instituciones que se ocupan de la pobreza, pero sin crear un verdadero encuentro entre quien ayuda y quien recibe la ayuda.

Francisco curó, al menos en el alma, a los leprosos de Asís (en Rivotorto), abrazándolos y besándolos. El abrazo es la primera cura. Francisco nos lo recuerda hoy, advirtiéndonos de que no caigamos en las trampas de nuestra cultura dominada por la inmunidad, una cultura del no-abrazo que se está gestando también dentro de nuestras instituciones nacidas para “curar” la pobreza, donde cada vez hay más profesionales de la asistencia (y eso es bueno), pero tal vez menos abrazos. El índice de fraternidad —otra espléndida palabra franciscana— se mide por el grado de inclusión comunitaria de los pobres, que puede ser inverso a la creación de entes especializados para atenderles. A veces se subcontrata con estos entes el “cuidado de los pobres” con el fin de mantenerlos bien lejos de nuestras ciudades, inmunes e inmunizadoras.

Volvamos, pues, a escuchar a Francisco y sus mensajes antiguos, sus mensajes de futuro.

Luigino Bruni
miradaglobal.com

Los frutos de la herencia franciscana


Del diálogo ecuménico al encuentro de Asís

En Italia la preparación para la Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, convocada por Benedicto XVI para el 27 de octubre en Asís, se ha visto marcada por múltiples iniciativas, en las que han participado las comunidades locales. Son al menos dos los elementos fundamentales. Por una parte, la insistencia en la importancia de las tradiciones franciscanas para la construcción de una cultura del diálogo y de la paz. Y, por otra, la necesidad de multiplicar las ocasiones de conocimiento entre las religiones en Italia.

La necesidad de construir la paz asume un valor profético precisamente por la dificultad de testimoniar aquellos valores con los que la paz se realiza a partir de la búsqueda de la justicia en el mundo.
En esta perspectiva se sitúa el encuentro organizado por la familia franciscana de Campania, en Parlargine di Ponticelli, el domingo 23 de octubre. Con este encuentro se ha querido manifestar la vocación de los cristianos a ser testigos de la paz en el mundo.

Con esta intención se pensó también el encuentro, organizado por la Oficina para el ecumenismo y el diálogo interreligioso de la archidiócesis de Matera y por la comunidad franciscana local, precisamente para el jueves 27. Una cita a través de la cual se puede ofrecer a la ciudad un momento de reflexión, diálogo y oración a la luz del «espíritu de Asís» para interrogarse sobre cómo deben vivir los creyentes su fe al servicio de la causa de la paz.

Especialmente significativa será la celebración, el viernes 28, de una plegaria ecuménica en Frosinone, presidida por el obispo Ambrogio Spreafico. Seguirá un encuentro con la comunidad islámica local, precisamente para subrayar que el «espíritu de Asís» constituye para todos los cristianos un impulso no sólo a orar por una unidad cada vez más visible, sino también para el redescubrimiento de una vocación común al diálogo con los demás.

En ciertos aspectos, puede considerarse ejemplar, para una síntesis eficaz del redescubrimiento de las tradiciones franciscanas en favor de la paz y de la acción para el desarrollo del diálogo entre las religiones, la jornada de estudio organizada por el Instituto de estudios ecuménicos San Bernardino de Venecia, el jueves 27.

La multiplicidad de las iniciativas para la preparación del encuentro de Asís muestran, por tanto, que numerosos bautizados en Italia han acogido la invitación a convertirse en «peregrinos de la verdad y peregrinos de la paz» para ser testigos de la luz de Cristo que ilumina el mundo.


Riccardo Burigana

EL ESPÍRITU DE ASÍS



27 de octubre, 2011. (Romereports.com) Tras el viaje de una hora y media en tren de Roma a Asís, Benedicto XVI se trasladó al centro de la ciudad en minibus, junto con otros participantes en el encuentro. Una vez en la basílica de Santa María de los Ángeles, el Papa hizo de anfitrión y recibió personalmente a los principales líderes religiosos en la puerta. Un coro de frailes franciscanos cantó durante el encuentro.

El cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, departamento del Vaticano promotor del encuentro, recordó la primera jornada de 1986 con un vídeo.

En su discurso, Benedicto XVI lamentó los casos en los que la religión cristiana ha sido la excusa para ejercer la violencia.

Benedicto XVI
“Quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de verguenza”.

Benedicto XVI invitó a la reconciliación entre los países y denunció el terrorismo religioso. Dijo que en estos casos, “la religión no está al servicio de la paz, sino que es una justificación inútil de la violencia”. Por eso, bajo el lema de este encuentro, el Papa propuso volver a aunar esfuerzos para alcanzar la paz.

Benedicto XVI
“Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compormiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho. Para conclui, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser 'peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz'”.

También hablaron algunos de los representantes de las principales religiones. Como el líder de la Iglesia ortodoxa, Bartolomé I.

Patriarca Bartolomé I
“Nuestro diálogo es de reconciliación. Todos nos reconocemos en esta expresión de las Bienaventuranzas: “Bienaventurados los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios”.

El primado de la Iglesia anglicana, Rowan Williams, destacó que gracias a la relación con Dios ya no existen personas extranjeras.

Rowan Williams
“Estamos aquí hoy para declarar nuestra voluntad, nuestra apasionada determinación, de persuadir a nuestro mundo de que los seres humanos no pueden ser extranjeros, y que su reconocimiento es posible por nuestra relación universal con Dios”.

También intervinieron autoridades judías y musulmanas, entre otros. El representante de los judíos de Estados Unidos recordó el empeño por conseguir la paz, mientras que Muzadi, autoridad musulmana explicó el por qué de las religiones en el mundo.

Rabino David Rosen
“Espero que este encuentro de hoy refuerce a los hombres y mujeres de fe y de buena voluntad a multiplicar los esfuerzos y a hacer de este objetivo una realidad que lleve una verdadera bendición y curación a la humanidad”.

Esta jornada en Asís no incluye un momento de oración común sino que se deja un tiempo de silencio, de reflexión para que de manera privada se rece por la paz.




DISCURSO DEL PAPA EN ASÍS

Queridos hermanos y hermanas,
Distinguidos Jefes y representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de las Religiones del mundo,queridos amigos
Han pasado veinticinco años desde que el beato Papa Juan Pablo II invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Asís para una oración por la paz. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de Berlín que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos. En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que había tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era más fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestión sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con fórmulas simples. Pero, junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue más fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningún respaldo espiritual. Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz.
Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo está desafortunadamente lleno de discordia. No se trata sólo de que haya guerras frecuentemente aquí o allá; es que la violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.
Tratemos de identificar más de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes líneas – según mi parecer – se pueden identificar dos tipologías diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivación, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades. Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comúnmente reconocido y sancionado como límite a la violencia. Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carácter religioso de los ataques sirve como justificación para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del «bien» pretendido. Aquí, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia.
A partir de la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido reiteradamente que la religión era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros. Los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986 quisieron decir – y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza – que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción. Contra eso, se objeta: Pero, ¿cómo sabéis cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Esta pretensión, ¿no se deriva quizás de que la fuerza de la religión se ha apagado entre ustedes? Y otros dirán: ¿Acaso existe realmente una naturaleza común de la religión, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es válida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos. Aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro. A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es «Dios del amor y de la paz» (2 Co 13,11). Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religión de los cristianos partiendo de su centro interior, para que – no obstante la debilidad del hombre – sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo.
Si bien una tipología fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestión sobre su naturaleza, y obligándonos todos a una purificación, una segunda tipología de violencia de aspecto multiforme tiene una motivación exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de Dios, de su negación, que va a la par con la pérdida de humanidad. Los enemigos de la religión – como hemos dicho – ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparición de la religión. Pero el «no» a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí, sino que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios.
Pero no quisiera detenerme aquí sobre el ateísmo impuesto por el Estado; quisiera hablar más bien de la «decadencia» del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto más peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas. Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y después muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el ánimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a sí mismo.
La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está Dios? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora. He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.
Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él. Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella. Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás. Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a Dios, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios – el verdadero Dios – se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Asís, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho. Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz».

Qué es el Espíritu de Asís?

El 27 de octubre de 1986, el Papa Juan Pablo II hizo realidad un gran sueño invitando a los representantes de las diversas religiones del Mundo a Asís, para que se elevase al único Dios, de tantos corazones y en diversas lenguas, un solo canto de paz. La invitación fue aceptada por 70 representantes de estas, quienes compartieron juntos la esperanza de construir un mundo mejor, profundamente renovado y mucho más humano. En otras palabras, el evento portaba en sí un mensaje importante, el deseo de alcanzar la paz, deseo compartido por todas las personas de buena voluntad, teniendo la mirada fija en las situaciones que acontecen hoy en nuestro mundo y en el encuentro entre los variados pueblos. La verdadera paz se puede alcanzar solo a través de una profunda relación con Dios.

En el curso del encuentro hubo un bello momento de oración que invitó a los participantes a tocar las cuerdas de la propia interioridad y del propio corazón con total libertad, haciendo propio el deseo de paz para toda la humanidad y presentándolo a Dios. La oración ha unido y une porque nace de un contexto espiritual en todas las religiones. Todos podemos reconocer que los hombres somos limitados y no estamos a la altura de alcanzar por nosotros mismos, esa paz que tanto anhelamos.
Da la impresión que el clima de fraternidad universal respirado en la ciudad de San Francisco, haya colmado el corazón de todos. Esta experiencia en el curso de los años ha sido llamada: “El espíritu de Asís” y en el mensaje de la Jornada Mundial por la Paz de 1987 ha sido llamado también la “La lógica de Asís”. Durante el primer encuentro, delante a la capilla de la Porciúncula, Juan Pablo II dijo que escogió a Asís como lugar para esa Jornada de Oración por la particularidad y santidad del hermano venerado nacido en esta ciudad. En todo el mundo, en efecto, Asís, es conocida como símbolo de paz, de reconciliación y de fraternidad. Es por eso que el Papa decidió promover esta iniciativa propiamente en el nombre del “pobrecillo de Asís”, un hombre pequeño que supo derribar toda barrera discriminatoria y que sabía abrir las puertas de cada corazón reconociéndose hermano de todos.

La comunidad de San Egidio ha sido partícipe de la iniciativa desde sus inicios y ha organizado encuentros similares cada año en ciudades europeas y mediterráneas. En enero de 1993 promovió nuevamente este encuentro en Asís durante el tiempo de la guerra de los Balcanes. Juan Pablo II, ante una violencia tan atroz y extrema y ante la incapacidad de los países involucrados de lograr la paz, afirmó que “sólo en la mutua aceptación del otro y con el consiguiente respeto recíproco, ahondado en el amor, reside el gran secreto de una humanidad reconciliada”.
Los planes para la celebración del evento, tomaron vida nuevamente en el 2002 y el Papa invitó también a todos los líderes religiosos, a reencontrarse en Asís. Las invitaciones se hicieron cuando las Torres Gemelas estaban aún en llamas y las bombas comenzaban a explotar en Kabul. La situación evidenciaba cómo las fuerzas destructivas del odio y del terrorismo pueden encenderse en todos los rincones de la tierra. Por este motivo el Papa quiso que las religiones del mundo se transformasen en instrumentos concretos de verdadera paz porque el odio y la violencia no pueden generar otra cosa que más odio y violencia.

En el 2006, en ocasión del 20° aniversario del Espíritu de Asís, el Papa Benedicto XVI subrayó la importancia de esta iniciativa, observando que no obstante el mundo estaba cambiando, había ahora una fuerte y gran necesidad de reencontrar modos más eficaces para construir la paz, este tercer milenio se ha abierto con un escenario de terrorismo y de violencia que no muestran ningún signo de ceder. A veces daría la impresión que las religiones alimentaran los conflictos en lugar de trabajar para resolverlos, sobre este punto, el Papa afirma que “cuando el sentido religioso alcanza su madurez, genera en el creyente la percepción de fe en Dios, creador del universo y Dios Padre de todos, y fortalece las relaciones de fraternidad universal entre todos los hombres. En efecto, el testimonio de la íntima unión existente entre el encuentro con Dios y la ética del amor se registra en todas las grandes tradiciones religiosas”.
En el año 2011 se celebra el 25° aniversario del primer encuentro del Espíritu de Asís y tendrá lugar en el mismo lugar de la ciudad de Asís. El mensaje de paz es tan necesario hoy como lo fue hace 25 años, junto a un renovado compromiso por construir la paz en el mundo entero. Como Benedicto XVI indicó cinco años atrás, el mundo ha cambiado mucho desde la primera celebración del encuentro. Por lo tanto las religiones no son invitadas sólo a dialogar entre ellas y sus creyentes sino a dialogar entre ellos alcanzado también a las personas no creyentes y lejanas. Ahora más que nunca deben alcanzar a la humanidad entera para que la violencia no se manifieste más contra la creación. Esta es una convicción siempre creciente en todas las tradiciones religiosas, que el respeto a las relaciones pacíficas debe ser favorecido entre las personas y todas las creaturas.

Es sólo gracias a la profunda unión con el Padre que el hermano Francisco de Asís estuvo en grado de reconocer a todos los hombres y a las creaturas como a sus hermanos y hermanas. Y el espíritu mismo de la expresión: “Espíritu de Asís” se sostendrá en el compromiso personal y activo en la promoción de la paz entre todos los seres humanos y vivientes. Si consiguiéramos, juntos, orar en el “Espíritu de Asís” en cada una de nuestras tradiciones religiosas, seríamos más fuertes en el compromiso concreto de cada uno y en acciones que nos permitirían trabajar juntos para afrontar las amenazas a la paz y a la creación que encontramos hoy en nuestro mundo.

XXV AÑOS DEL ESPÍRITU DE ASÍS

El 27 de octubre de 2011 se cumplen XXV años desde que Juan Pablo II cumplió la feliz iniciativa de invitar, como anfitrión, a todos los líderes espirituales de la Humanidad que quisiera acudir a orar por la paz, por la concordia, por el amor... en la Humanidad. No se trataba de “asociarse al Papa” para orar, sino que cada uno, desde su propia fe, desde su propia concepción de Dios, orarle a Él, elevar un grito “juntos” – con palabras diferentes – por la misma causa de la Humanidad: el amor, el perdón, la paz.

A los XXV años Benedicto XVI, de nuevo anfitrión de esta convocatoria, ha querido realzar la invitación. Es cierto que no han faltado cristianos que le han interpretado mal y han pensado que esto es un apostasía de la fe (como si a partir de ahora fuera “ex Papa”); han sido los menos.

El gran latido de la Humanidad, por el contrario, es que debemos ir por unas vías de concordia, sin imposiciones, sino con humildad ante Dios y con espíritu de acogida. Incluso son invitados los no creyentes, hombres y mujeres que luchan por las más nobles causas humanas.

Desde el primer momento se pensó que Asís, la ciudad del humilde y pobrecillo Francisco de Asís (+1226), podría ser un lugar ideal, mínima ciudad de Paz y Bien. Assisi no puede hablar de dominio, de prepotencia, sino de servicio, de perdón de fraternidad.

La Jornada tendrá como tema: Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz. Cada ser humano es en el fondo un peregrino en busca de la verdad y del bien. También el hombre religioso permanece siempre en camino hacia Dios: de aquí nace la posibilidad, más aún, la necesidad de hablar y dialogar con todos, creyentes o no, sin renunciar a la propia identidad o recurrir a formas de sincretismo; en la medida en que la peregrinación de la verdad se vive auténticamente, se abre al diálogo con el otro, no excluye a ninguno y compromete a todos a ser constructores de fraternidad y de paz. Éstos son los elementos que el Santo Padre pretende poner en el centro de la reflexión.

La mañana misma del 27 de octubre, las delegaciones saldrán de Roma en tren junto con el Santo Padre. Al llegar a Asís, se dirigirán hacia la Basílica de Santa María de los Ángeles, donde tendrá lugar un momento de conmemoración de los precedentes encuentros y de profundización en el tema de la Jornada. Intervendrán representantes de algunas delegaciones asistentes y también tomará la palabra el Santo Padre.

Seguirá un almuerzo frugal, compartido por los delegados: una comida marcada por la sobriedad, que busca expresar el estar juntos en fraternidad y, al mismo tiempo, la participación en los sufrimientos de tantos hombres y mujeres que no conocen la paz.

Después, se dejará un tiempo de silencio para la reflexión de cada uno y la oración. Por la tarde, todos los presentes en Asís irán a pie hacia la Basílica de San Francisco. Será una peregrinación en la que, en el último tramo, tomarán parte también los miembros de las delegaciones; con esto se pretende simbolizar el camino de cada ser humano en la búsqueda constante de la verdad y de la construcción activa de la justicia y de la paz. Se desarrollará en silencio, dejando un espacio a la oración y a la meditación personal.

Junto a la Basílica de San Francisco, en el lugar donde se han concluido las precedentes reuniones, se tendrá el momento final de la Jornada, con la renovación solemne del compromiso común por la paz.

Lo que nació del primer encuentro lo llamó Juan Pablo II “el espíritu de Asís”
¡Ojalá que el proyecto se afiance, y que un día Assisi u otro lugar del planeta, de Oriente u Occidente, puede ser la ONU espiritual de nuestra hermandad espiritual, de quienes, hijos de Dios en el Mundo, somos Peregrinos de la Verdad, Peregrinos de la Paz!

Obediencia franciscana

Tomado del libro " El Pobre de Asís" de Niko Kazantzakis

"Porque en el fondo de nosotros mismos no deseamos sino lo que desea Dios. Sólo que lo ignoramos. Entonces el Señor desciende sobre nosotros, despierta nuestra alma y le señala lo que desea sin saberlo. Ése es el secreto, hermano León. Obedecer a la voluntad de Dios significa obedecer a nuestra voluntad más secreta. En el fondo del más indigno de los hombres dormita un servidor de Dios"

El perdón para la paz


En los conflictos cotidianos, en las desgarros familiares, en los conflictos que dividen a los países, no hay nada más tenaz que la memoria de las heridas y humillaciones. Guardamos todas las humillaciones y nos atamos a ellas cargando con el resentimiento y el agravio.

Pedir perdón no elimina el mal producido, pero tiene un efecto depurativo y transformador tanto sobre el fondo personal que permitió provocarlo como sobre quien lo sufrió. Perdonar nos libera de las cadenas del rencor o de la ira, nos pone en contacto con lo mejor de la persona y nos quita la enorme carga del resentimiento, del agravio y del odio. Perdonar ayuda a curar las heridas, a superar el victimismo y a rehacer constructivamente la propia vida.

Personalmente, pedir perdón o perdonar tiene un significado depurativo y liberador,; comunitariamente, tiene un significado constructivo y reconciliador. Perdonar crea un presente y un futuro constructivo basado en el respeto y la aceptación mutua.

San Ambrosio, obispo de Milán dijo en el sigo IV: “Comenzad en vosotros mismos la obra de la paz de tal manera que una vez pacificados, podáis aportar la paz a los demás”. Para conseguir una sociedad reconciliada, cada uno/a en nosotros/as tendremos que comenzar en nosotros/as mismos/as la obra de la paz. El perdón es un requisito indispensable para la paz, pero a la vez es un acto voluntario.

Pero el perdón no es fácil. Cuando hay un dolor y humillación muy grandes y muy dolorosos, el perdón se hace difícil. Pequeños perdones nos pueden ir enseñando el camino. Cuando no podemos perdonar, nos ayuda recordar cuántas veces hemos necesitado que nos perdonen. Francisco, que sabía mucho de nuestro pequeño corazón, nos dice que, cuando no podemos amar, por lo menos, no deseemos el mal. Cuando sintamos que no podemos hacer nada más solo nos queda dejar en manos de Dios nuestra incapacidad, y rezar los unos por los otros para poder ser, de alguna manera, instrumentos de la paz.

“Loado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor” escribe Francisco para el obispo y el podestá de Asís que estaban gravemente enfrentados. (Cánt 10).
La propuesta franciscana del perdón tiene a Jesús, su amor, como fuente, razón y origen; la misericordia entrañable, la gratuidad total en la relación y el perdón generoso serán su fruto. Según Francisco, solo acompañados por el abrazo y el tú de Jesús podremos intentar acoger y perdonar al hermano siempre y sin condiciones.

"Misericordia quiero y no sacrificios" (Mt 9,13)

"Y en esto quiero conocer si tú amas al Señor y a mí, siervo suyo y tuyo, si hicieras esto, a saber, que no haya hermano alguno en el mundo que haya pecado todo cuanto haya podido pecar, que, después que haya visto tus ojos, no se marche jamás sin tu misericordia, si pide misericordia. Y si él no pidiera misericordia, que tú le preguntes si quiere misericordia. Y si mil veces pecara después delante de tus ojos, ámalo más que a mí para esto, para que lo atraigas al Señor; y ten siempre misericordia de tales hermanos."


De la Carta a un Ministro de san Francisco de Asís 

Cántico de las creaturas

 

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