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    Los Capuchinos somos la rama más joven de los franciscanos, remontándonos a 1525…

Te invito un capuchino: Fr. Helmut Rakowski



"De dormilón a Capuchino"

Fray Helmut Rakowski, nació en 1962, en Mainz, Alemania. Desde 1981 pertenece a la Orden de los Capuchinos. Estudió Filosofía, Teología y Misionología. Durante 8 años estuvo como misionero en México. Desde el 2003 es secretario general de la Animación misionera y la Promoción de la Solidaridad de los Frailes Menores Capuchinos.

Te invito un capuchino: Fr. Pablo Jarmillo


"Si quieres vente" 

 Fr. Pablo Jaramillo nació el 26 de junio de 1971 en Sauceda del a Borda, México. Inició su noviciado en La Piedad, Mich. el 02 de agosto de 1997 e hizo su profesión temporal el 31 de julio de 1998. Se consagró definitivamente al Señor el 12 de octubre de 2002 en Puebla, Pue. Estudió filosofía y teología. El 22 de septiembre de 2008 en Zacatecas fue ordenado sacerdote. Desde el 2009 reside en Fort Worth, Texas.

Entrevista con el cardenal Sean Patrick OMalley, OFMCap


ESTADOS UNIDOS: LA MITAD DE LOS CATÓLICOS JÓVENES SON DE ORIGEN HISPANO


Entrevista con el cardenal Sean Patrick OMalley, OFMCap, arzobispo de Boston.

La presencia de los representantes de la Iglesia de Estados Unidos y Canadá es numerosa y entusiasta en el Congreso Internacional Ecclesia in America, organizado en esta ciudad por la Comisión Pontificia para América Latina y los Caballeros de Colón, en colaboración con el Instituto Superior de Estudios Guadalupanos de México. El cardenal arzobispo de Boston subraya en una entrevista que la mitad de los católicos jóvenes --menores de 30 años- son de origen hispano.
Una de las figuras que destaca en la reunión es el cardenal Sean Patrick O’Malley OFM Cap, arzobispo de Boston, quien asiste a todas las sesiones en su sencillo hábito franciscano, e interviene con entusiasmo y experiencia en los debates. ZENIT conversó con él acerca de los desafíos de la Iglesia en América y sobre la situación por la que pasan los hospitales católicos en Estados Unidos, que por una ley de sanidad del gobierno de Barack Obama, se verían obligados a incluir en sus seguros médicos, aquellos métodos de planificación familiar que la misma Iglesia desaconseja.
¿Qué importancia tiene para la Iglesia de América este evento?
--Cardenal O’Malley: Creo que es otro esfuerzo por cumplir el ideal del Sínodo Iglesia en América, y de darnos una oportunidad de estrechar lazos de amistad y colaboración entre nuestros países.
Han pasado 15 años del evento, ¿en qué se ha avanzado más y qué falta aún?
--Cardenal O’Malley: Como dijo ayer el profesor Carriquiry, ha pasado la época de la ideología de la Teología de la Liberación, y otros conflictos que se experimentaron en América Central, con las guerrillas. Esa época ha pasado y ahora tenemos una oportunidad de empezar de nuevo, y concentrarnos más en el ideal del evangelio y en nuestra mision de anunciar la Buena Nueva en conjunto en todo el continente.
¿Cuál es el mayor aporte de América Latina a la Iglesia católica de Norteamérica?
--Cardenal O’Malley: ¡Nos está dando gente!, que es lo más importante (ríe). La mitad de los católicos que tienen menos de 30 años de edad son hispanos en los Estados Unidos. Además las iglesias de Latinoamérica están enviando agentes de pastoral, sacerdotes y religiosos, e incluso seminaristas, para fortalecer nuestros esfuerzos de servir a la comunidad hispano parlante y migrante en los Estados Unidos. Y en Canadá es una situación semejante, donde hay población de origen hispano.
La Iglesia de los Estados Unidos se enfrenta ante un desafío, como es la ley de sanidad del gobierno, que obligaría a distribuir en los seguros médicos todo tipo de métodos de planificación familiar. ¿Cuál es la situación actual y en qué centrará sus acciones la Iglesia?
--Cardenal O’Malley: En este momento hay mucha incertidumbre, porque la administración (el gobierno ndr) ha dicho que va a presentar alguna solución y estamos esperando. Mientras tanto, muchas instituciones e organizaciones católicas han acudido a los tribunales para solucionar el problema.
Se lee que los obispos están muy activos en esto, ¿no?
--Cardenal O’Malley: La conferencia de obispos tambien está tratando de dialogar con la administración a ver qué logramos. Pero aún sigue siendo un momento de preocupación.

Entrevista a Fr. Mauro Jöhri



Entrevistamos al hermano Mauro Jöhri  Superior General de la Orden de los hermanos Capuchinos, una  entrevista donde el Hermano Mauro nos habla de su vocación, de la iglesia, de la Orden Capuchina… Una entrevista muy interesante que recomendamos leer. Gracias Hermano Mauro por concedernos parte de su tiempo.  

1. ¿Puede contarnos como sintió la llamada a la vida religiosa?
Mi vocación nació del contacto con hermanos capuchinos. Era un chico de 11 años quedé impresionado y entusiasmado por la manera de actuar tan humano y tan sencilla de los capuchinos que, de vez en cuando, venían a mi pueblo de montaña para sustituir al párroco. Así que les pedí ser aceptado y fui admitido en su seminario menor.

2. ¿Cuál ha sido su camino hasta llegar a Ministro General de la Orden de los Capuchinos?
Se trata de un camino bastante largo. Tuve que acabar los estudios de teología con una tesis sobre la Teología de la Cruz en la obra de Hans Urs von Balthasar. Siguieron años de profesor en un instituto y luego en la facultad teológica de Chur en Suiza. En 1995, mis hermanos me eligieron como su Ministro provincial. Luego siguieron unos años de formación especial en el Institut de Formation Humaine Intégrale en Montréal (Canada). Mientras participaba en el Capítulo General de 2006 como Ministro provincial de Suiza, fui elegido Ministro general. En este año 2012, he sido reconfirmado para un segundo sexenio.

3. ¿Cómo es un día en su vida?
Esto puede variar mucho. Normalmente sigo el horario de la fraternidad capuchina en la que me encuentro. En la Curia General, me levanto a las 5,30 y dedico un buen rato a la oración personal y comunitaria. Siguen muchas horas de trabajo y encuentros a lo largo de la mañana. Después de la siesta, sigo con el trabajo y, si el tiempo lo permite, procura salir para caminar una hora. Por la noche, normalmente, voy a la cama bastante pronto.

4. ¿Cuál es el carisma de su Orden? ¿Quién la fundó?
Los Capuchinos somos una rama de la Familia Franciscana, por tanto, nuestro fundador es San Francisco de Asís. Nacimos como un movimiento de reforma en el seno de la Orden franciscana a principios del siglo XVI. Fuimos aprobados por el papa Clemente VII el 3 de julio de 1528 con Bula “Religionis Zelus”. Junto al aspecto de una vida retirada, austera, sencilla, siempre hemos asumido y respondido a todo lo que la Iglesia nos ha pedido, sin rechazar nunca los servicios difíciles y arduos.

5. ¿En cuántos países están presentes?
Actualmente estamos presentes en 106 países del mundo. Hay países donde nuestra presencia es numerosa, como Italia, India y Brasil. Y otros donde, por el momento, solo tenemos una única fraternidad  compuesta de tres hermanos.

6. ¿Cómo ve a los jóvenes respecto a la Iglesia?
Creo que debemos tener cuidado y no generalizar. En muchos países europeos, marcados por la secularización, la actitud de muchos jóvenes es el de una casi total ignorancia de la Iglesia. No la conocen y no se preocupan de hacerlo. Pero también hay jóvenes enganchados o que tienen buenas relaciones con la Iglesia.

7. ¿Cree usted que la Iglesia debería hacer algún cambio para acercarse a los jóvenes?
La tentación es la de hacer una intervención cosmética pensando que esto acercará los jóvenes a la Iglesia. Raramente funciona.

8. ¿Cómo podemos transmitir el mensaje de Cristo a nuestra sociedad?
Creo que es necesario lanzarse, alcanzar en plenitud la fuerza rupturista del Evangelio para estar en posición de decir una palabra creíble también en nuestro tiempo. Los jóvenes esperan a personas profundamente coherentes y, sobre todo, creíbles que viven su fe en Cristo con alegría, serenidad y dedicación.

9. ¿Qué les diría San Francisco de Asís a los jóvenes de hoy?
Creo que les diría que no sean esclavos de la mediocridad, sino que abracen ideales altos y exigentes, ideales de vida gastada en la búsqueda de Dios y del bien de los hermanos. Hoy el peligro mayor es el de preocuparse únicamente  de sí mismos y de las ventajas que esta o aquella elección les pueda aportar a sí mismos. A la larga, esta manera de actuar, sólo traerá tristeza e insatisfacción.

10. ¿Qué retos piensa que debemos afrontar los cristianos en esta sociedad actual?
El primer desafío es el de preocuparse menos del número y querer vivir de una manera más auténtica. No debemos tener miedo de decir que somos cristianos y que Jesucristo es nuestro Señor. Anunciar que la relación con Él, el Viviente por excelencia, llena la vida y abre horizontes de esperanza y de vida.

Entrevista con Raniero Cantalamessa


Muchos católicos en todo el mundo desearían alguna vez sentarse al lado del Papa y escucharlo. Sólo uno, el sacerdote franciscano Raniero Cantalamessa tiene el privilegio inverso: él mismo le da una charla al propio Benedicto XVI, quien lo escucha sentado a su lado, rodeado de unos 70 cardenales y obispos de la Curia romana.
Desde 1980, cuando Juan Pablo II lo nombró predicador de la Casa Pontificia, el padre Cantalamessa cumple esa función religiosamente cada viernes en las semanas previas a la Semana Santa y a Navidad. "Me esfuerzo por adecuarme a los problemas que la Iglesia está viviendo", contó el sacerdote a La Nacion, al explicar el variado mosaico de temas que aborda ante el Pontífice. Así, ante tan selecto auditorio, se explaya en la capilla Redemptoris Mater del Vaticano sobre temas teológicos y pastorales de relevancia, como la divinidad de Cristo y los desafíos de la evangelización, y sobre los arduos desafíos que el siglo XXI plantea a la Iglesia, como la pérdida de la fe, el avance del relativismo, las transformaciones sociales y el desconcierto de muchos cristianos. Incluso, la crisis interna de la Iglesia, salpicada por los recientes escándalos en torno de las denuncias de abusos sexuales en el clero -el "aire sucio en la Iglesia", según palabras del Papa- fue objeto de sus reflexiones.
"El Santo Padre ha sido muy claro y abierto en reconocer errores y pedir perdón. Y gritar contra la enormidad de estos casos de abusos de los menores. Pero la Iglesia no es una fuerza de policía, es una fuerza espiritual", advirtió el cura franciscano, de 78 años, que ha dedicado casi la mitad de su vida a predicarles a Juan Pablo II y a Benedicto XVI.
Temas polémicos, como el celibato sacerdotal, la situación de los divorciados vueltos a casar e, incluso, el carácter vitalicio del pontificado, encuentran al predicador de la Casa Pontificia en posiciones de significativa apertura. Pero si de algo está seguro este fraile capuchino, que ante el Papa cita con la misma soltura a Santo Tomás de Aquino como a los filósofos Edmund Husserl y Jean-Paul Sartre, es que la Iglesia no tiene que dar pasos apresurados. "Hay obispos que ya tratan estos problemas. Yo soy abierto a estos cambios, pero no hay que ser impacientes. A veces pareciera que cambiar es la panacea y no es así", reflexionó.
No teme, en cambio, dar pasos sustantivos que acerquen a la Iglesia a otras religiones. Hace dos semanas encabezó en el Luna Park, ante 6000 personas, el VI Encuentro Fraterno de Católicos y Evangélicos, una experiencia en la que la arquidiócesis de Buenos Aires, con el visto bueno del cardenal Jorge Bergoglio, asoma como pionera, como bien se lo explicó el propio sacerdote franciscano al pontífice. "El diálogo fecundo con otras religiones es el mejor antídoto contra el fundamentalismo, la mejor herramienta para aislar a los grupos más radicales", precisó.
Los laicos, para Cantalamessa, son los pescadores de hombres del siglo XXI. "Jesús les dijo a los apóstoles que sean pastores y pescadores. Hoy los sacerdotes son más pastores, alimentan a los que ya vienen a la Iglesia. Los laicos, en cambio, son los pescadores, los que llevan el mensaje cristiano al mundo, a los lugares de trabajo, a los sitios alejados de la Iglesia. Son los protagonistas de la evangelización", definió.
¿Qué es ser predicador del Papa?
-Es un oficio tradicional, otorgado a la Orden Franciscana Capuchina desde el siglo XVIII. Consiste en dar charlas al Papa, a sus colaboradores, cardenales y obispos de la Curia romana, unas 70 personas, en los períodos de Adviento y Cuaresma [las semanas previas a la Pascua y a la Navidad]. Nunca un predicador duró tanto. Yo tengo una explicación: el Papa se ha dado cuenta de que es el lugar donde el padre Cantalamessa puede hacerle menos daño a la Iglesia.
¿Cómo recibe el pontífice sus meditaciones?
-A pesar de todo su trabajo, encuentra el tiempo necesario para ir a escuchar. Nunca falta. Es un ejemplo de sumisión a la palabra de Dios.
¿Cómo selecciona los temas? ¿Los conversa con él previamente?
-Tengo amplia libertad. Me esfuerzo por adecuarme a los problemas que la Iglesia está viviendo. El año último, por ejemplo, abordé el compromiso por la nueva evangelización. En la historia de la Iglesia hubo cuatro grandes momentos de esfuerzo misionero. En los primeros tres siglos del cristianismo, los protagonistas fueron los obispos; en la reevangelización de Europa, entre los siglos VI al X, el papel principal lo cumplieron los monjes; en el siglo XVI, con el descubrimiento de América, se destacaron los frailes. Y hoy, cuando el desafío es volver a evangelizar a un Occidente secularizado, el papel lo tienen los laicos.
 
Cantalamessa, durante la entrevista con LA NACION. Foto: Soledad Aznarez

¿Por qué es importante el papel de los laicos?
-Porque han tomado un papel activo. Es un fruto del Concilio Vaticano II, que ha proclamado que los laicos son sujetos activos y tienen carismas. Ahora están en la primera línea de la evangelización, en la atención de los que no van a la Iglesia, aquellos a los que los sacerdotes no podemos ya contactar. Jesús les dijo a los apóstoles que sean pastores de hombres y pescadores. Hoy los sacerdotes son más pastores que pescadores: pueden alimentar a los que ya vienen a la Iglesia, pero no pueden ir a evangelizar a los que están lejos. Los laicos son, precisamente, un medio para ir a los lugares de trabajo, a las familias, a las distintas profesiones, y llevar el mensaje de Jesús donde el mundo vive.
El Papa convocó a celebrar el año de la fe. ¿Hoy hay una crisis de fe en el mundo?
-Hay una crisis desde el punto cuantitativo: los creyentes son hoy una minoría. Pero desde el punto de vista cualitativo hay una aceleración de la fe, porque nunca hubo tal cantidad de creyentes reales y decididos. Benedicto XVI siempre dice que los cristianos serán una minoría motivada. Eso no significa que nos resignamos a ser una elite, porque esa minoría siempre está llamada a evangelizar, a promover el evangelio y muchos valores, como la justicia. El evangelio es inseparable de la caridad. Jesús evangelizaba y sanaba. Hoy la Iglesia lleva adelante estos dos frentes: evangelización y lucha contra la pobreza. En ciertos países de África, las instituciones de la Iglesia son las únicas que hay en muchos kilómetros para atender las enfermedades de la gente.
¿Hoy ser cristiano implica ir contra la corriente?
-Siempre ha sido así. El Concilio Vaticano II renovó la actitud de diálogo con la modernidad y con el mundo. Los cristianos tienen que sentirse miembros de una sociedad y responsables de los bienes y los males de esa sociedad. Y saben que la cultura va en una dirección dominada por el dinero. Tienen que ir contra la corriente. En esa carrera por el dinero, la gente se vuelve siempre más triste. Por eso, ir contra la corriente es una manera de ayudar a la sociedad, para que se dé cuenta de que no tiene que ser esclava del dinero y del poder, que no tiene ideales sociales.
¿El mensaje de la Iglesia perdió credibilidad e influencia?
-En los últimos años, los escándalos de la pedofilia han quitado a la Iglesia el prestigio del que quizá gozaba en el pontificado de Juan Pablo II. Pero las cosas de la Iglesia no se pueden medir solamente por lo que aparece en la superficie. Benedicto XVI no tiene miedo de declarar que hay aire sucio en la Iglesia. Hay una toma de conciencia de la debilidad de la Iglesia. Es una manera de purificarla. Algo doloroso, pero muy útil y propicio.
¿Qué fortalezas y qué debilidades señalaría hoy en la Iglesia?
-La fuerza de la Iglesia es su fe. Las debilidades somos nosotros. San Pablo ya lo decía: llevamos un tesoro en vasos de barro. La división que permanece en los cristianos es un punto de debilidad y por eso se debe promover el ecumenismo. La escasez del clero, la falta de vocaciones, es otra debilidad. Hay escándalos dolorosísimos, pero muchos medios de comunicación no ven en la Iglesia más que esto. Hay pocos esfuerzos por ver el intenso trabajo por los pobres, los marginados, en favor de la defensa de la vida.
¿Cómo enfrenta el Papa estas situaciones de escándalo?
-Ha sido muy claro y abierto en reconocer errores y pedir perdón. Y gritar contra la enormidad de estos casos de abusos de los menores. Pero la Iglesia no es una fuerza de policía, es una fuerza espiritual. La sociedad también propone un código de comportamiento moral, pero hay personas que no lo cumplen.
¿Estas situaciones le producen daño a una institución con 2000 años?
-La Iglesia es muy vasta, hay de todo. La red saca del mar peces buenos y peces malos.
¿Se encuentran todavía resistencias dentro de la Iglesia a los avances del Concilio Vaticano II?
-Durante el Concilio aparecieron dos líneas muy evidentes: los progresistas decían que era un gran avance, una ruptura con el pasado. Para los tradicionalistas, era un drama, una tragedia. La Iglesia ha hablado de una novedad de la continuidad. El Concilio ha hecho una ruptura respecto del pasado próximo en la Iglesia, pero una continuidad respecto del pasado remoto. Hay quienes ven en el Concilio una novedad muy tímida. Otros, al contrario. No hay resistencias explícitas, salvo en los lefebvristas. Según una indicación del cardenal Newman, muchas veces los concilios no se entienden sin un después.
¿Hoy es un tiempo propicio para pensar en nuevas reformas en la Iglesia?
-Hay puntos que el Concilio Vaticano II no ha tocado. Se dieron pasos muy valientes y hubo cambios dramáticos. Pero quedan problemas: el celibato obligatorio del clero se discute, así como la colegialidad de los obispos, una mayor participación de los episcopados en el gobierno de la Iglesia. Pero la Iglesia se mueve con un ritmo distinto. No se puede dar un paso que determine profundas divisiones.
¿Se puede esperar que en algún momento se aborden estos temas?
-Hay obispos que ya tratan estos problemas. Al Papa no le parece el momento para decidir una cosa tan relevante, como el celibato del clero. Pero se ha empezado, es la dinámica que siempre han llevado adelante las reformas. Yo soy completamente abierto a estos cambios, pero a veces recomiendo no ser impacientes: pareciera que cambiar esto es la panacea, la medicina para todos. Y no es así. Hay problemas hoy en el matrimonio, la familia. Se presenta de una manera tan complicada, tan frágil. Puede ser una carga tremenda para un sacerdote, que debe cuidar a toda la sociedad. La sabiduría de Dios guiará a la Iglesia.
¿Es posible que se produzcan cambios en la Iglesia respecto de la situación de los divorciados vueltos a casar?
-La admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar es un problema que se está discutiendo. Se han dado pasos y, a pesar de que están excluidos de la Eucaristía, están aceptados en la vida de la Iglesia. Algunos obispos son más avanzados en esta línea. El Espíritu llevará a la Iglesia a una solución, a una praxis evangélica, pero también misericordiosa, abierta a la comprensión del hombre. ¡Jesús era tan comprensible! Afirmaba los principios del matrimonio (el hombre dejará su casa y se unirá a su mujer, el hombre no puede desunir lo que Dios ha unido), pero es el único que perdona a la mujer adúltera.
¿La Iglesia podría rever su postura?
-Hoy la situación de los divorciados no es una excepción. El divorcio es un fenómeno social tan difundido, que no se puede dejar a toda esta gente excluida de la Iglesia. Se tiene que encontrar una fórmula que pueda salvar los principios y aplicar el Evangelio de una manera evangélica. Los divorciados tienen que sentirse plenamente hijos de Dios. Lo que guía a la Iglesia no es tanto defender un principio: es salvar el matrimonio, que está atacado hoy en la sociedad. La Iglesia defiende un bien, el bien de la familia, del matrimonio. Cómo conjugar esta defensa con la misericordia será el desafío.
¿Hoy es más difícil avanzar en el diálogo ecuménico?
-Algunos sitios radicalizados en Internet dicen que los encuentros ecuménicos son creados por el diablo. Existen estos grupos, pero lo mejor para aislarlos es que los más responsables se reúnan y avancen hacia la unidad de los cristianos. Lo que tenemos en común es mucho más importante que lo que nos separa. Ésta es la línea para aislar a los grupos más radicales, que todavía existen.
¿Se vio afectado Benedicto XVI por el reciente juicio del mayordomo y el escándalo por las filtraciones en la Santa Sede?
-Está afectado y ha sufrido mucho. Es algo que lo toca muy de cerca. Son cosas que en el momento parecen lo más importante del mundo y después se ve que es una cuestión secundaria. Hay muchas hipótesis. En el Vaticano, como en cada organización, hay diferentes opiniones.
¿Se habla ya en el Vaticano de cómo será la próxima sucesión del Papa?
-Usted conoce el dicho: quien entra papa en el cónclave, sale cardenal; quien entra como cardenal, sale papa. No hay posibilidad de prever qué pasará. Depende de tantas cosas. No se habla de nadie en particular que pueda ser papabile . Hay muchos nombres, pero no tienen mucho fundamento. De hecho, este papa Benedicto XVI tiene una personalidad tan respetuosa con los demás, tan gentil y humilde, que es impresionante. Dejará una impronta difícil de soslayar. Todos sus viajes empiezan con una atmósfera tremenda, negativa, y al final se manifiestan sus éxitos enormes. Así ocurrió, por ejemplo, en Inglaterra y recientemente en el Líbano, donde fueron a escucharlo cristianos e islámicos. Tiene una personalidad que no es agresiva, muy respetuosa.

MANO A MANO

La palabra como estilo de vida
Sin estridencias, ni gestos ampulosos, el hombre a quien el Papa escucha sabe medir las palabras. Las acompaña con gestos y miradas que dan lugar a un diálogo cordial, que invita a la profundidad. A los 78 años, el padre Raniero Cantalamessa ha hecho de la palabra un estilo de vida. No necesita alzar la voz para plantear temas polémicos que pueden generar reacciones en la propia Iglesia. Tampoco busca llevarse el mundo por delante, sino, por el contrario, inspeccionar ese universo a veces hostil, comprenderlo, aportarle una luz renovada del mensaje que la Iglesia difunde desde hace 2000 años. Nacido en Colli del Tronto, a 150 km de Roma, lleva 54 años de vida sacerdotal. Pertenece a los Frailes Menores Capuchinos, una de las tres ramas de la orden fundada por San Francisco de Asís, y mantiene la barba y el hábito marrón que caracterizan a los franciscanos. Graduado en teología en Friburgo y en letras clásicas en Milán, está comprometido con la Renovación Carismática, punto de encuentro entre la Iglesia Católica y movimientos evangélicos, y desde allí promueve la necesidad de avanzar en la unidad de los cristianos. "Es el mejor antídoto contra la intolerancia y el fundamentalismo", es su premisa.

UN FUTURO POSIBLE, SEGÚN CANTALAMESSA

Con Juan Pablo II se debatió el carácter vitalicio del pontificado. ¿Se puede volver a revisar?
-No es una cuestión que responda a un criterio de orden dogmático. Hubo un caso de renuncia en la historia de la Iglesia: el papa Celestino V, en el siglo XIII. El propio Benedicto XVI expresó en diferentes ocasiones la idea de que es posible que un papa renuncie. Dijo, incluso, que si su salud llegaba a un punto en el que se diera cuenta de que no podría desempeñar todas las funciones, él mismo podría renunciar. Es una posibilidad concreta. En el caso del querido papa Juan Pablo II, su decisión fue buena, porque con su enfermedad ha dado un mensaje al mundo tal vez más fuerte que el que transmitía con su fuerza, energía y seguridad, cuando gozaba de plena salud. Ha compartido el sufrimiento con tanta gente en el mundo, dándoles una dignidad. Con su ejemplo, muchos se habrán sentido animados a llevar una vida digna, incluso en la enfermedad. Su ejemplo es muy valioso. Benedicto XVI, que hoy tiene 85 años, ha dicho que si en algún momento se diera cuenta de que no puede responder a sus deberes, podría renunciar.

Entrevista con Mons. Evangelista Alcimar Caldas Magalhães

Mons. Evangelista Alcimar Caldas Magalhães pertenece a la orden de los Frailes Franciscanos Menores Capuchinos. Se ordenó como sacerdote en 1967 y fue nombrado obispo en 1981, Mons. Alcimar es responsable desde hace dos décadas de la diócesis de Alto Solimões, en el estado de Amazonas. Nacido en la localidad de Benjamin Constant, no lejos de Tabatinga, sus padres y él mismo fueron seringueiros, recolectores de látex del árbol del caucho.

Mons. Alcimar, gran conocedor de la Amazonia y sus problemas, conversó con Paolo Moiola, colaborador de Noticias Aliadas, sobre su trabajo en Tabatinga, en frontera que comparten Brasil, Colombia y Perú.

¿Qué significa trabajar en Tabatinga?
Es un territorio que es un encuentro de etnias, culturas, idiomas. Es un lugar que muestra la variedad de la raza humana, con todos sus méritos y sus defectos. Y es el encuentro de al menos 30 etnias indígenas y de tres Estados (Perú, Colombia y Brasil). Cada seis meses los soldados de los tres países se relevan en esta frontera. Es un territorio donde se puede ver concretizado el esfuerzo de la convivencia, de la tolerancia recíproca, de la búsqueda de la paz y del respeto mutuo. Estando distante de Manaus, de Bogotá y de Lima, todo sumado yo diría que Tabatinga es un experimento exitoso.

Tabatinga, como encrucijada de culturas, es ejemplo de convivencia, pero la ciudad también tiene muchos problemas. ¿Podría resumirlos?
Los problemas son de salud, transporte, seguridad. La seguridad no puede militarizarse, esto es, basarse únicamente en las armas. Debe apoyarse en el intercambio de bienes, cultura y valores. Por ejemplo, aprender el idioma del vecino: en Colombia y Perú el portugués, nosotros los brasileños el castellano.

Por último, está el problema de la basura: todo el mundo trata de descargar sobre otro sus propios residuos. Los descargan en el río. Los que están más arriba descargan sobre los que están más abajo.

No lejos de aquí está el mercado de pescado. Sin embargo, descubrimos que no es el alimento principal.
Efectivamente, para alimentar a la población del área importamos pollo desde 4,000 o 5,000 km de distancia. Esta región podría producir todo el pescado que necesita para sobrevivir, si no hubiese disminuido drásticamente debido a la pesca intensiva. Además, toda la leche que se consume aquí viene de fuera.

Las causas de la situación pueden encontrarse en la falta de voluntad política y la prepotencia del mercado que no piensa en los necesitados, sino cuáles negocios pueden rendir más.

Usted nació aquí, ¿cómo ha cambiado la región amazónica en los últimos años?
Quien haya conocido la Amazonia hace 30 años comprende que hemos llegado al límite. El problema también puede verse en otro sentido. La ley es extremadamente dura con nosotros, que no podemos ni siquiera talar un árbol. He visto autoridades que querían meter a la cárcel a un indígena que no tenía el certificado del árbol con el que construyó su canoa. Se considera que la mayor parte de este océano verde es propiedad federal. ¿A quién debería haberlo pedido ese indígena?
Ahora algunas tribus están empezando a decir: si nosotros no podemos construir nuestra casa, dennos el cemento y los ladrillos para construirla de acuerdo a sus criterios.

Esto demuestra la fragilidad y las contradicciones de nuestras leyes.

Todos queremos la preservación, pero todo debe hacerse con un poco de inteligencia y sentido común. Mire, aquí nada está hecho con madera, ni siquiera las vigas del tejado. Todo es de hierro que proviene de [el estado suroriental de] Minas Gerais. Eso no está bien...

Debería haber reglas más precisas y de sentido común. Por ejemplo, si cortas plantas, también debes estar obligado a resembrar.

En el mercado de Tabatinga vimos muchos indígenas dedicados al comercio ambulatorio. ¿Cuál es su situación?
Los indígenas están en grandes dificultades. Se estimula en ellos el afán de progreso y consumo. Leer, escribir, ropa, sandalias, ordenador, internet. Todas las cosas que ellos no producen. Para poseer estos objetos deben realizar una actividad que no tienen. Por lo que los indígenas están dejando sus tierras, que han adquirido gracias a los esfuerzos de la Iglesia y las organizaciones no gubernamentales internacionales.

Los tikuna, por ejemplo, se han convertido en una tribu citadina. En el barrio Umariaçu, en las afueras de Tabatinga, hay unos 6,000. En Manaus son más de 50,000. Para ellos es importante preservar su lengua y su cultura, pero al mismo tiempo debemos darles todas las posibilidades para trabajar y vivir, no como ciudadanos de segunda o de tercera clase, sino a la par con los demás.

Quizás también por esta falta absoluta de alternativas, la única actividad económica floreciente es la conectada con el comercio de las drogas.
El narcotráfico es un problema grave que ahora involucra a todo el mundo. Lo preocupante es la búsqueda de nuevas modalidades. Se acercan a los niños y familias pobres. Ayudan a la gente de manera aparentemente desinteresada, pero un día pueden pedir un favor: “Necesito que hagas un viaje a Manaus. Todo pagado, no te preocupes”.

De este modo los narcotraficantes están criando una nueva generación; esto es preocupante. Lo hacen de un modo sutil, explotando el sentimiento de gratitud. Aquí se vota por un candidato por gratitud, por un favor recibido (una medicina cuando alguien la necesitaba), no ciertamente por ideología. Esta es la forma en que el narcotráfico entra en las familias y los jóvenes. Para tener una confirmación, basta con visitar la cárcel, que está llena de gente muy buena, que siempre ha hecho el bien.

Si están en prisión, estas personas algún delito habrán cometido.
Hicieron el transporte [de las drogas]. Es el gran desafío del narcotráfico: cómo hacer llegar la droga —sobre todo la cocaína— de los lugares donde se produce hasta el consumidor. Esto es, desde Perú y Colombia hasta las ciudades de Brasil.

En el hospital me contaron recientemente el caso de dos brasileños admitidos porque habían ingerido demasiados óvulos de heroína y se habían sentido mal. Lo habían hecho de cualquier modo, metiendo la droga en preservativos que habían cerrado y tragado. Fueron apresados en [la ciudad colombiana de] Leticia.
La tentación siempre está presente. Hablaba con una persona que ha estado varios años en prisión. “Sucumbí a la tentación de lo fácil”, me explicó.

Las Iglesias Pentecostales existen en gran número en la ciudad. Como Iglesia Católica ¿qué relaciones tienen con ellas?
Son relaciones difíciles porque las diferencias son considerables. Su evangelización se basa en la curación (“ven a nosotros que te quitamos los dolores de cabeza”) y las promesas (“ven que te llenamos los bolsillos de dinero”). Esos son sus discursos. Nosotros no podemos invitar a nuestras iglesias a pastores evangélicos que hablan de ese modo. Nuestro discurso es exactamente lo contrario, es decir, mira la cruz que nuestro Señor ha cargado diciendo: el que quiere venir conmigo, que tome su cruz y me siga. Por lo tanto, nosotros no prometemos nada de lo que prometen los evangélicos: ni milagros, ni ausencia de dolores y problemas.

En Brasil las Iglesias Pentecostales tienen mucho peso político. ¿Cómo funciona?
Por lo general, las Iglesias Pentecostales tienen vínculos con políticos de peso: senadores y diputados federales. Un día uno de ellos me dijo: “¿Usted conoce su diócesis?” “Casi”, respondí; “no es que la conozca bien”. “Yo la conozco mejor que usted. Tengo 400 comunidades mantenidas por mí”. ¿Cómo funciona? Los pastores son en el fondo agentes electorales del político, el cual se las arregla para desviar fondos federales a las comunidades que lo respaldan. Es una cadena: para mantenerse en el poder, deben mantener a alcaldes y concejales y así sucesivamente. Es una red.

¿Por qué —observa alguien— no hacen lo mismo también ustedes? La respuesta es obvia: la Iglesia Católica debe comportarse de otra manera. Si una persona me pregunta: “Señor obispo, ¿voto por este partido o por el otro?” Yo respondo recordando ante todo que cada persona es libre de elegir.

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