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    Los Capuchinos somos la rama más joven de los franciscanos, remontándonos a 1525…

Beata María Ángela Astorch


Hoy Isabel Orellana Vilches nos propone conocer mejor la vida de una clarisa española con gracias místicas, la beata María Ángela Astorch.



Esta religiosa clarisa española cuya existencia discurrió entre Barcelona, Zaragoza y Murcia estuvo agraciada con singulares favores místicos. Nació el 1 de septiembre de 1592 en Barcelona, en el seno de una familia acomodada, pero creció sin la presencia y tutela de sus virtuosos padres que perdió prematuramente. Arropada por su aya que la colmó de cariño, Ángela (Jerónima de nombre de pila) no experimentó añoranzas por la ternura de sus progenitores que prácticamente no llegó a saborear. Era una niña alegre y espontánea a la que llevada de esos descuidos propios de la infancia hacia los siete años estuvo a punto de morir por haber ingerido almendras verdes. Atribuyó su curación a la Virgen María y a la intercesión de la Madre Ángela Serafina, fundadora de las capuchinas. El hecho supuso un punto de inflexión en su vida; marcó el límite de su infancia y le abrió el camino hacia otra etapa de madurez. Siempre al abrigo de tutores fue formándose humana e intelectualmente. En la adolescencia su prodigiosa memoria comenzó a llamar la atención de los preceptores. Familiarizada con los libros –su padre había estado vinculado al gremio de los libreros y seguramente le habría legado una selecta biblioteca–, tuvo en la lectura una de sus aficiones predilectas, y de manera especial, los textos latinos.

Al final del estío de 1603 ingresó en el convento de las capuchinas de Barcelona donde le había precedido su hermana mayor, Isabel, una de las primeras integrantes del mismo que acababa de constituirse como tal en febrero de ese mismo año. Allí se curtió en la oración y la mortificación, atenta a los rasgos de virtud que apreciaba a su alrededor, bajo la dirección espiritual de un sacerdote aragonés que tenía detrás una importante experiencia eremítica. A su lado comenzó a familiarizarse con la oración y la contemplación. En su trayectoria espiritual encontró ásperos momentos caracterizados por las humillaciones y maltrato concreto de una religiosa atrapada por sus celos que hubiera querido asemejarse a la beata en su delicadeza, elegancia, cualidades para el canto y su gran formación, además de los gestos de virtud que veía en ella.

Todo desaire sirvió a Ángela para crecer en caridad y humildad máxime cuando era consciente del antagonismo que existía entre ambas, sentimiento que le ocasionaba gran aflicción. En un momento dado, por indicación de su confesor se vio privada de los textos latinos bíblicos y litúrgicos que llevó consigo al convento, añadiendo la prohibición de tenerlos como soporte en su día a día, así como de entonar versículos fuera del coro cuando realizaba las labores que tenía encomendadas. Y eso que el breviario era el sustento de su intensísima y singular vida mística: «Me acontece muchas veces que, cantando los salmos, me comunica su Majestad, por efectos interiores, lo propio que voy cantando, de modo que puedo decir con verdad que canto los efectos interiores de mi espíritu y no la composición y versos de los salmos». Como maestra de novicias tampoco se libró del retintín con que algunas de ellas acogían sus enseñanzas. Con oración y penitencia superó todas las tentaciones, incluida la de integrarse en otra Orden donde tuviera libertad para hacer su voluntad: orar y leer textos de espiritualidad. Y creció exponencialmente en su amor a Dios de manera admirable.

En 1614 se trasladó a Zaragoza formando parte de la primera comunidad que se establecía allí. Y siguió formando a las religiosas con sabiduría y virtud. En 1626 fue designada abadesa, y en 1645 puso en marcha la fundación de Murcia. Desde 1620 comenzó a percibir gracias sobrenaturales que no cesaron. Por su sorprendente dominio de la sagrada Escritura, así como de la Patrística, fue sometida a examen en Zaragoza por cinco expertos y en Murcia por un deán y un canónigo impresionados de su capacidad para señalar con exactitud los lugares donde se hallaban las citas escriturarias en lengua latina que le plantearon. A lo largo de su vida saboreó las numerosas gracias místicas que recibió –de las que se sentía indigna y que no pudo impedir aunque le ordenaron que las evitara–, y se afligió en las «ausencias» divinas. Ha sido denominada «mística del breviario».

Fue particularmente devota del Sagrado Corazón de Jesús al que se ofrecía como reparación de las ofensas que recibe, y amó profundamente a la Iglesia. Tuvo como consigna de vida «callar y sufrir, y llevar el peso que las cosas de gobierno traen consigo, como sierva de la casa de Dios». Siendo abadesa consiguió que las religiosas pudieran recibir la comunión diariamente. Actuó de forma admirable en la epidemia de 1648 y en la inundación de 1651 que arrasó por completo el convento. En 1654 regresó junto con el resto de la comunidad, y seis años más tarde comenzó su declive físico con una merma tal de sus facultades mentales que le llevó a renunciar a su cargo; las recuperó en noviembre de 1665 tras un ataque de hemiplejía. Falleció con fama de santidad el 2 de diciembre de ese mismo año. Juan Pablo II la beatificó el 23 de mayo de 1982.

Keep calm


Adviento



Tú, si adelantas, caminas; pero adelanta en el bien,
en la fe verdadera, en las buenas costumbres;
canta y camina.
                                                  San Agustín

Feliz camino de adviento
Unidos en oración

GUÍA ESPIRITUAL DE ADVIENTO



El Adviento se nos presenta en la liturgia como un jardín de una variedad exuberante:
- variedad en cuanto a la modulación interna de las cuatro semanas (a veces tres y un poco más) que dura este tiempo sagrado;
- variedad en cuanto a los elementos que integran el ritmo de la liturgia: lectura de la Escritura, responsorios, antífonas, oraciones, preces, prefacios, lecturas breves, himnodia (deficiente en nuestras lenguas)…, que son verdaderos manatiales de espiritualidad;
- variedad en cuanto a celebraciones populares asociadas a la liturgia.
Aquí prestamos atención a algunos elementos tan solo.
Añadimos que en medio de esta riqueza intrínseca a los textos de Adviento este año se da uan circunstancia especial que debe impregnar el Adviento: el hecho de encontrarnos, a los 50 años del Concilio, en el Año de la Fe.


Lo que  es el Adviento

- Tiempo de silencio e interiorización; tiempo de contemplación, tiempo de intimidad.
- Tiempo primaveral espiritualmente para impregnarse de la voz mesiánica de los profetas.
- Tiempo de la tríada figurativa de la Historia de la salvación: Isaías, Juan Bautista, María Virgen.
- Tiempo, por excelencia, de la Virgen María, para meditar en su concepción virginal, en su obediencia de fe, en su divina maternidad salvación para el mundo.
En la exhortación apostólica Marialis cultus (1974) escribía el Papa Pablo VI: “De este modo, los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se sentirán animados a tomarla como modelos y a prepararse, "vigilantes en la oración y... jubilosos en la alabanza", para salir al encuentro del Salvador que viene. Queremos, además, observar cómo en la Liturgia de Adviento, uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a veces en algunas formas de piedad popular el culto a la Virgen de su necesario punto de referencia: Cristo. Resulta así que este periodo, como han observado los especialistas en liturgia, debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor: orientación que confirmamos y deseamos ver acogida y seguida en todas partes” (n. 4). Quedémonos, pues, con la idea de que el tiempo litúrgico mariano es no es precisamente el mes de mayo (devoción popular), sino el mes de diciembre, el tiempo de Adviento.
- El Adviento es el Tiempo de las Posadas – los días de las antífonas de la O – una devoción popular muy arraigada en México, con la rotura y estallido de la “piñata” en medio de la algarabía de los niños, que da un sentido cristiano a la espera de la Navidad.
- ¿Sería mucho pedir a los seminarios y centro de formación para la vida religiosa que las jóvenes generaciones aprendan las Antífonas de la O, en latín como nacieron hace muchos siglos, que tan bien reflejan la espera mesiánica de Jesús?
- Sí es Adviento cristiano muy delicado la Corona de Adviento y el preparar el Belén familiar y el Belén Parroquial de cara a la Navidad.

FR. RUFINO MARÍA GRÁNDEZ, OFMCAP

Guadalajara, Jalisco, Fiesta de San Andrés, 2012.

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