• Imagen 1 Nuestro Carisma
    Los Capuchinos somos la rama más joven de los franciscanos, remontándonos a 1525…

48. El Señor es mi Pastor: nada me falta

(Domingo IV de Pascua, Año A: Jn 10,1-10)


Hermanos:

1. En el Nuevo Testamento hay, entre todos, una pasaje sobre El Buen Pastor: “Yo soy el Buen pastor”, capítulo 10 del Evangelio de san Juan.
En los salmos hay un Salmo del Pastor: “El Señor es mi pastor: nada me falta”, salmo 23, que en la enumeración litúrgica, proveniente de la versión latina es el número 22.
Y en los Profetas hay, entre todos, una pasaje de Dios pastor de su Pueblo: “Yo mismo apacentaré a mis ovejas”, profeta Ezequiel, capítulo 34.

2. Hoy, domingo IV de Pascua, después de haber escuchado los tres domingos anteriores relatos de la resurrección de Jesús, hoy a este Jesús celestial lo contemplamos como el Buen pastor de su Iglesia. Y acudimos al capítulo 10 de san Juan para recoger esta revelación que se nos entrega de que, lo mismo que en la antigua Alianza Dios fue representado como Pastor de Israel, en la nueva y definitiva Alianza Jesús es el buen Pastor. Un año leemos los versículos primeros, del 1 al 10; otro del 11 al 18; y el tercero del 27 al 30.
Le damos a Jesús la categoría divina de Pastor; y de damos a la Iglesia la seguridad de que tiene un Pastor, y que teniendo a tal pastor nada le falta. Lo puedo decir de la Iglesia, y lo puedo decir de mí mismo: “El Señor es mi Pastor: nada me falta”.
Mirando, pues, a este pastor, al Buen Pastor, nos preguntamos:
- ¿Dónde está el Buen Pastor?
-¿Qué está haciendo y qué va a hacer?
- ¿Qué relación tiene ese pastor conmigo y yo con él?

3. Pero mientras tanto, como música de fondo, dejemos que resuene el salmo del Buen Pastor en nuestro corazón, que por otra paorte es el salmo responsorial de hoy

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
Por el honor a su Nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
Nada temo, porque Tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

(Ahora el pastor se transforma en el hospedero que nos brinda su casa, y continúa el salmo)
Preparas una mesa ante mí,
en frente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.

Este es un salmo que se reza en tantas circunstancias de la vida, y que puede tener un sentido singular junto a la tumba de un hermano difunto. Acaso lo hemos escuchado en algún film recitado por el pastor de la congregación, mientras, rodeado de familiares y amigos, se da tierra al hermano que acaba de traspasar la barrera del tiempo.
¿Qué le aguarda al hermano, a la hermana, cuyo cuerpo yace sin vida? Le está esperando el Buen Pastor, que en la Casa del Padre le ha preparado un banquete?

4. En las exequias católicas se da este augurio al difunto: que sea llevado a hombros del buen pastor. “Que el Señor sea misericordioso con nuestro hermano, para que libre de la muerte, absuelto de sus culpas, reconciliado con el Padre y llevado sobre los hombros del Buen Pastor, merezca gozar de la perenne alegría de los santos en el séquito del Rey eterno”.
En estas frases está sonando las parábolas de Jesús: “reconciliado con el Padre suena al hijo pródigo que vuelve a la casa paterna”. Y “llevado sobre los hombros del Buen Pastor” es la parábola de la oveja perdida, del mismo capítulo 15 de san Lucas: “Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ella, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras  la descarriada, hasta que al encuentra? Y, cuando la encuentra se la carga sobre los hombros, muy contento...” (Lc 15,4-5). Muy contento él y muy contenta la oveja, que perdida en peñascales ahora descansa en la mejor cama, que son los hombros de su pastor, que en este caso es Jesús. Pasar a la eternidad sobre los hombros de Jesús, es ir derecho a la casa solariega del Padre.
Eso es la parábola del Buen pastor en Lucas, evangelista que se empeña en mostrarnos con palabras e imágenes la misericordia de Jesús, que a todos nos acoge.
En el Evangelio de san Juan lo del Buen pastor no es una parábola, sino una alegoría. En las parábolas tenemos un punto de comparación: así ocurre en esta historia de la vida cotidiana, así ocurre en la vida de Dios con sus hijos. En las alegorías, observamos los detalles y a cada detalle le sacamos su simbolismo y su aplicación.

5. En esta alegoría nos fijamos en los detalles, y aquí hay tres detalles: la puerta del redil, el ladrón, el pastor que saca y entra al rebaño por la puerta.
¿Qué hace un ladrón? El ladrón no entra por la puerta; salta por la barda. ¿Y para qué se mete? No para cuidar el rebaño, sino para robar, para matar, para aprovecharse.
El pastor no hace así: el pastor entra y sale por la puerta, y con él entra y sale su rebaño. El pastor lleva a sus ovejas a pastar; el pastor conoce a sus ovejas, a cada una, por su cara, por su balido, por su modo de caminar. El pastor llama a cada una por su nombre.
Con estas múltiples detalles que Jesús propone a la reflexión, uno se pregunta:
¿Quién es el pastor? Jesús.
¿Quiénes son las ovejas? Nosotros, yo mismo.
¿Quién es la puerta? Jesús mismo.
¿Qué hace Jesús? Por él entramos, por él salimos. Nos sentimos libres, seguros.
¿Qué más hace Jesús? Nos saca pastar; él va delante, nosotros le seguimos; él nos conoce, uno a uno. Somos el rebaño de Jesús, sí, pero antes que rebaño, somos personas uno a uno.
Entonces hace falta saber quién es el bandido. Jesús lo aplica a su tiempo. “Todos los qué han venido antes de mí son ladrones y bandidos”(v. 8). Esto es durísimo; es un juicio de la situación que contempla Jesús Israel.
Los pastores del pueblo – tradúzcase de un modo general por “escribas y fariseos”, binomio que se repite con frecuencia en los Evangelios - no han sabido conducir al pueblo por el sendero justo. Los maestro de Israel han fracasado, porque no han transmitido al Dios de la fe.

6. Hoy, día 15 de mayo, en México se celebra el Día del Maestro. El Maestro es un pastor espiritual; enseña al que no sabe, le transmite conocimientos, y, sobre todo, le transmite vida. Su vida es para el discípulo norma de conducta.
Los Maestros de Israel han  fracasado, han adulterado el mensaje de Dios, que yenía de las fuentes lejanas del Antiguo Testamento.

7. Si tomamos como sabio el texto y volvemos sobre él, observaremos que desde su entraña el texto emite muchas insinuaciones para hacer exégesis de versículos, hasta con audaces métodos de psicología. Jesús habla, por ejemplo, de la voz del pastor. El conocimiento de los animales es instintito... Se deja a un perro en medio del campo, y ya sabrá volver a su casa; es el instinto, decimos. Y aquí habla Jesús de la voz. Las ovejas conocen la voz de su pastor; por eso lo siguen; pero si entra un bandido, no conocen la voz del salteador. No lo seguirán.
Hay, pues, un instinto cristiano de fe que nos dice: ¡Eso es Evangelio! Y es el mismo instinto que nos dice: ¡Eso no es Evangelio! Un instinto que no lo da propiamente la ciencia, sino el sentido de pertenencia real a Cristo.

8. En fin, hermanos, antes de concluir no quiero pasar por alto la última frase: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante” (Jn 10,10).
He aquí una síntesis de todo el hecho de Jesús en la historia: vida y vida en abundancia.
Así queremos nosotros caminar por el mundo: viviendo, disfrutando de la vida, y repartiendo vida.
En una palabra, hermanos: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. Amén.

Misioneros con la Madre a la Vanguardia


De la carta del Ministro General, H. John Corriveau,

con motivo de la celebración del

 

3er. Centenario de la advocación

“Maria, Madre del Buen Pastor”

(“Divina Pastora”)


La Divina Pastora en los escritos de Fray Isidoro de Sevilla:
[Fr. Isidoro de Sevilla fue el iniciador de esta devoción, nacida en Sevilla y que más tarde difundirían otros apóstoles y predicadores capuchinos como el Beato Diego José de Cádiz o el Venerable P. Esteban de Adoáin. La Madre del Buen Pastor es la Patrona de las Misiones Capuchinas.] Fue, el Capuchino, Fr. Isidoro de Sevilla, quien tuvo la la misión de darla a conocer en la Iglesia con el título de María, Madre del Buen Pastor . Este hermano nuestro, gran devoto de la Virgen María,  una noche del mes de junio de 1703, tuvo no se sabe si “un   sueño misterioso, un éxtasis, una inspiración divina, o una simple idea”, así escribe su biógrafo el P.Valencina, de representar la Virgen vestida de humilde Pastora, cosa que llevó a cabo por encargo suyo el pintor D. Alfonso Tovar. En la pintura está la santísima Virgen sentada sobre una roca bajo un frondoso árbol desde cuyas verdes ramas le saludan las avecillas del bosque.  Es encantadora su sonrisa y mueve a  devoción la piedad y ternura con que mira a una oveja blanca que acaricia con su diestra. Una airosa toca cubre  parte de sus rizados cabellos que descansan sobre una pellica sujeta por un cinturón de piel. Todo su traje es el de una Pastora humilde, pero hace su cuerpo tan hermoso y galán que parece aquel que describiera el Cantar de los Cantares. Allá a lo lejos se ve entre celajes a una oveja errante acometida por el lobo del infierno, que el ángel del Señor, radiante de hermosura, defiende con su espada de fuego.
Así la contemplaron por primera vez los ojos atónitos de millares de sevillanos en procesión por la ciudad hispalense el 8 de septiembre del año 1703.
       [Propagación de la devoción]

Desde entonces la devoción a la Santísima Virgen bajo el título de “María, Madre del Buen Pastor” se propaga por España y América en la segunda mitad del siglo XVIII, bajo el impulso determinante del Beato Diego José de Cádiz, también Capuchino,  que mereció ser llamado “el segundo autor de la devoción”.
Después del paréntesis de la supresión de las órdenes religiosas en España, restaurada la Orden Capuchina  y restablecidas sus misiones en América a mediados del siglo XIX, la devoción a la Madre del Buen Pastor florece de nuevo en España y se implanta en Italia y en otras naciones europeas y americanas por mérito de ilustres  misioneros, escritores y predicadores, entre los que merece destacarse el Vble. P. Esteban de Adoáin, Capuchino.

[Patrona de las misiones capuchinas]
Con el voto del Capítulo general celebrado el año 1932, a propuesta de los Padres Capitulares de lengua española, la Santísima Virgen María bajo el título de “Madre del Buen Pastor” es declarada patrona universal de todas las Misiones de la Orden. Era el 22 de mayo de 1932 ( cfr  Analecta Ordinis, 1932, pp. 140-141).
Por último, en nuestras actuales Constituciones, elaboradas por el Capitulo general del 1982 y  aprobadas por la Santa Sede el 25 de diciembre de 1986, en el capítulo XII, al hablar del compromiso misionero de la Orden, se dice: Encomendemos esta gran tarea a la intercesión de la bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor, la cual engendró a Cristo, luz y salvación de todas las gentes y presidió orando, la mañana de Pentecostés, los comienzos de la evangelización, bajo la acción del Espíritu Santo “  (Const. 179, 2).

Hay, finalmente, otro valor que se desprende de esta advocación “María, Madre del Buen Pastor” y que quiero subrayar: es el sentido misionero.  Este se ha concretizado desde siempre en dos  formas típicas del apostolado de la Iglesia  y también de la Orden: el testimonio ejemplar de una vida cristiana vivida en fraternidad y minoridad ( al que se refieren principalmente los dos valores anteriores) y el servicio apostólico. En éste entran las diversas formas de anuncio evangélico, como la predicación propiamente dicha, las misiones populares, las misiones entre infieles,  la catequesis a la gente más sencilla, especialmente la gente del campo; las obras sociales; la creación de asociaciones laicales y religiosas, masculinas y femeninas, etc.
De todas estas formas la predicación fue la actividad específica y privilegiada de los Capuchinos desde los comienzos. Siguiendo el ejemplo de san Francisco, la legislación capuchina ha dado importancia a este apostolado y se ha ocupado a lo largo de la historia de inculcar y enseñar la preparación de los predicadores, insistiendo en que fuesen pocos pero bien preparados y de vida ejemplar (Constituciones de Santa Eufemia, 1536); que predicasen durante todo el año  y no sólo durante la cuaresma (Constituciones de Albacina, 1529)  y que lo hicieran con sencillez y familiaridad (Regla bulada).
A partir del 1600, la predicación más sobresaliente se ejercita en el marco de lo que se ha llamado “las misiones entre infieles”, que ocupa un lugar preeminente en la historia de todas vuestras provincias hasta nuestros días, y “las misiones populares”.
Refiriéndome a estas últimas, nos  dicen las crónicas, que estaban constituidas por grupos de 6 o 7 predicadores que recorrían los pueblos evangelizando a los fieles, aunque en ocasiones los misioneros alcanzaron un número superior, hasta 40 y más. Para hacer más duraderos los frutos de la misión, los capuchinos introdujeron en los pueblos donde habían predicado la misión popular  la práctica de la oración mental, la celebración de las Cuarenta Horas, el Via Crucis, los Montes de Piedad, etc.
En España, las misiones populares tenían un carácter del todo particular: las daban grupos de dos o tres misioneros y el aspecto mariano era particularmente puesto de relieve, sobre todo,  con el canto del rosario de la aurora.
Es en este ambiente donde nace la advocación de  María, Madre del Buen Pastor”. Por eso es una advocación con marcado sentido mariano, misionero y popular. Nace efectivamente como un ‘icono’ del pueblo  para llevar a los hombres por medio de la bondad maternal de María al  redil de Cristo, el único y Buen Pastor. El Venerable Fray Isidoro de Sevilla, escribe Fray Jerónimo de Cabra, “para mayor gloria de la Santísima Virgen y para provecho de  sus misiones, y también para la salvación de las almas, bajo consejo o inspiración celestial (como se cree piadosamente), propuso que la misma gloriosísima Madre de Dios fuese venerada por el mundo bajo el mencionado nombre, título y gesto, y se la escogió como Patrona de sus Misiones… A Isidoro lo siguieron muchísimos otros misioneros de ésta y de otras Provincias de la familia Capuchina… Se fabrican innumerables imágenes de la misma dulcísima Pastora, se erigen altares, capillas, iglesias… y lo que es más, todos pueden constatar los innumerables milagros que operaba el Señor a la invocación de su beatísima Madre bajo el mencionado nombre y título de dulcísima Pastora de las almas” (Analecta Ordinis, 1887, pp. 325-326).
            No cabe duda que este sentido misionero de la advocación “María, Madre del Buen Pastor” constituye un valor también para nosotros y para nuestra misión en nuestro tiempo. María sigue siendo hoy lo que decía León XIII en su ya famoso slogan “ad Iesum per Mariam : un camino seguro para ir y llevar los hombres  a Jesús.
Por otra parte, estamos en un tiempo en que la evangelización se hace más necesaria y urgente que nunca y los hermanos menores nos tenemos que sentir llamados a “ir por el mundo”(Rnb 14), de creyentes o no creyentes (Rnb 16) ”para que, como nos decía el Padre san Francisco,  de palabra y de obra déis testimonio de su voz y hagáis saber a todos que no hay otro omnipotente sino él (Carta a la Orden,9).
¿Cómo hacerlo? ¿ De qué forma? Toca a cada región buscar e implantar las formas de apostolado  más adecuadas a las necesidades y a la cultura actual de nuestro pueblo .
¡Ojalá, queridos hermanos, una nueva estructuración de las antiguas misiones populares y de toda la pastoral  nos devuelva al pueblo! Por desgracia, todavía pueden demasiado entre nosotros la separación, el alejamiento, el clericalismo,  la seguridad económica,  los puestos y actividades fijas ... que nos han alejado demasiado de él.
Sabemos que el pueblo de hoy no es el del tiempo cuando nació la advocación de “Maria, Madre del Buen Pastor”. Hoy  todo es mucho más complejo y complicado. Y no obstante, por “nuestra peculiar cercanía al pueblo”, como dicen nuestras Constituciones ( Const. 4,4),  nuestro puesto está ahí entre la gente más pobre e indefensa viviendo y trabajando con un estilo sencillo y fraterno de hermanos menores.
¡Que la celebración del 3er. Centenario de la advocación de la Divina Pastora haga renacer este nuestro carisma en la península ibérica, en la nueva Europa y en todo el mundo!

Fr.John Corriveau
                                                                                                            Ministro General.
Roma 7  de octubre, Nuestra Señora del Rosario,  del 2003.

Obediencia franciscana

Tomado del libro " El Pobre de Asís" de Niko Kazantzakis

"Porque en el fondo de nosotros mismos no deseamos sino lo que desea Dios. Sólo que lo ignoramos. Entonces el Señor desciende sobre nosotros, despierta nuestra alma y le señala lo que desea sin saberlo. Ése es el secreto, hermano León. Obedecer a la voluntad de Dios significa obedecer a nuestra voluntad más secreta. En el fondo del más indigno de los hombres dormita un servidor de Dios"

El Corazón Materno

Vocación a la defensa de la verdad

San Atanasio
Atanasio, llamado “la columna de la Iglesia” y el “martillo de los arrianos”, nombre que significa "inmortal", nació en Egipto, en la ciudad de Alejandría, en el año 295. Llegado a la adolescencia, estudió derecho y teología. Se retiró por algún tiempo a un yermo para llevar una vida solitaria y allí hizo amistad con los ermitaños del desierto. Al parecer tuvo cierta relación con los monjes de Tebaida; cuando volvió a la ciudad, se dedicó totalmente al servicio de Dios.
Fue ordenado diácono en el año 319 por su obispo Alejandro, a cuyo servicio pasó poco después como secretario
Como secretario acompañó a su Obispo al concilio de Nicea en el año 325. En este Concilio Atanasio se distinguió por su discusión y dialéctica contra los arrianos.
Era la época en que Arrio, clérigo de Alejandría, confundía a los fieles con su interpretación herética de que Cristo no era Dios por naturaleza.
Arrio, sacerdote de Alejandría, sostuvo, hacia el año 320, que Jesús no era propiamente Dios, sino la primera criatura creada por el Padre, con la misión de colaborar con Él en la obra de la creación y al que, por sus méritos, elevó al rango de Hijo suyo; por lo mismo, si con respecto a nosotros Cristo puede ser considerado como Dios, no sucede lo mismo con respecto al Padre puesto que su naturaleza no es igual ni consustancial con la naturaleza del Padre. Esta herejía se difundió como la pólvora y ganó pronto a un prelado ambicioso de la corte de Constantino, Eusebio de Nicomedia, que llegó a convertirse en el verdadero jefe militante del partido de los arrianos; también simpatizó con Arrio el historiador eclesiástico Eusebio de Cesarea.
Para considerar esta cuestión se celebró un concilio (el primero de los ecuménicos) en Nicea, ciudad del Asia Menor. Atanasio, que era entonces diácono, acompañó a este concilio a Alejandro, obispo de Alejandría, y con su doctrina, ingenio y valor sostuvo la verdad católica y refutó a los herejes y al mismo Arrio en las disputas que tuvo con él.
Cinco meses después de terminado el concilio con la condenación de Arrio, murió san Alejandro, y Atanasio fue elegido patriarca de Alejandría. Los arrianos no dejaron de perseguirlo y apelaron a todos los medios para echarlo de la ciudad e incluso de Oriente.
En el año 328, Atanasio fue nombrado obispo de Alejandría. A partir de aquí, su vida está caracterizada por la lucha contra los errores de los arrianos, la defensa de la verdad sancionada en Nicea, de palabra y por escrito, y por su indomable celo y constancia frente a la adversidad. Por algo la Iglesia de Oriente le llamó “Padre de la ortodoxia” y la Iglesia se Roma le cuenta entre los cuatro grandes padres de oriente.
En efecto, Atanasio el Grande fue el blanco de la iras de los arrianos para el resto de sus días. Para reducirlo al silencio, se procuraron el favor del poder civil y corrompieron la autoridad eclesiástica. Fue desterrado cinco veces y cuando la autoridad civil quiso obligarlo a que recibiera de nuevo en el seno de la Iglesia a Arrio, excomulgado por el concilio de Nicea y pertinaz a la herejía, Atanasio, cumpliendo con gran valor su deber, rechazó tal propuesta y perseveró en su negativa, a pesar de que el emperador Constantino, en 336, lo desterró a Tréveris.
Durante dos años permaneció Atanasio en esta ciudad, al cabo de los cuales, al morir Constantino, pudo regresar a Alejandría entre el júbilo de la población. Inmediatamente renovó con energía la lucha contra los  arrianos y por segunda vez, en 342, tuvo que emprender el camino del destierro que lo condujo a Roma.
Ocho años más tarde se encontraba de nuevo en Alejandría con la satisfacción de haber mantenido en alto la verdad de la doctrina católica. Pero llegó a tanto el encono de sus adversarios, que enviaron un batallón para prenderlo. Providencialmente, Atanasio logró escapar y refugiarse en el desierto de Egipto, donde le dieron asilo durante seis años los anacoretas, hasta que pudo volver a reintegrarse a su sede episcopal; pero a los cuatros meses tuvo que huir de nuevo. Después de un cuarto retorno, se vio obligado, en el año 362, a huir por quinta vez. Finalmente, pasada aquella furia, pudo vivir en paz en su sede.
San Atanasio es el prototipo de la fortaleza cristiana. Falleció el 2 de mayo del año 373. Escribió numerosas obras, muy estimadas, por las cuales ha merecido el honroso título de doctor de la Iglesia. 
 Recopilado por:
Fray Pablo Capuchino Misionero.

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